★★★ (6/10)

Ya se lo preguntaba Anthony Burgess desde la literatura y, tiempo después la banda de punk Los violadores con su 1, 2, ultraviolento. La gran pregunta del millón: ¿y ahora qué pasa, eh? La misma pregunta se hace presente en Romper Stomper, un film que apela a la ultraviolencia en la forma de una banda de skinheads que no tiene mucho más para ofrecer que eso. Entonces, ¿qué pasa con este film?

Geoffrey Wright desprende un film tan frenético y descontrolado desde su realización así como lo es el accionar de la banda liderada por Hando (Russell Crowe). Lo que primero resulta alocado y entretenido, conforme avanza el relato demuestra que no hay mucho más que eso para ofrecer. Fricciones, sexo, pogo al son del género Oi! (quizás uno de los mayores aciertos en cuanto a la musicalización) y una descripción del movimiento skinhead que se ve reducida a ligarlo con el neo-nazismo, la delincuencia y el racismo.El director australiano parece tener como único interés mostrar estos aspectos como para definir a los skinheads erróneamente. No hay menciones a los gustos musicales, la vestimenta o demás intereses compartidos más que el solo hecho de la agresión para con los otros. Incluso personajes que escapan un poco a esa limitada visión como Gabe (Jacqueline McKenzie), una chica nómada que escapa de la presencia también abusiva de su padre, o Davey (Daniel Pollock), un integrante de la banda y una suerte de mano derecha de Hando, demuestran en principio un costado donde florecen otros intereses pero que terminan siendo limitados a lo mismo que el resto, más allá de la subtrama amorosa integrada para demostrar cierta humanidad en los personajes.

Romper Stomper toma dos influencias vitales en su relato. Una es la inspiración a raíz de los crímenes en Melbourne llevados a cabo por el lider skinhead Dane Sweetman, con el cual el director se relacionó por correspondencia en pos de tener la mayor información para llevar a cabo su film. La segunda inspiración, visible para todos, es su lazo con A Clockwork Orange (Stanley Kubrick, 1971).

Lo cierto es que Romper Stomper no está basada en hechos reales, por ende la visión no pertenece a un hecho o en grupo en particular sino que es presentada como algo de manera generalizada. Y por otro lado, su relación con el film de Kubrick se liga a una mera exacerbación de la violencia sin un trasfondo o una búsqueda que busque decir algo acerca de ello. Por eso, al terminar de ver un film como este, donde su frialdad visual y su desenfreno solo vale la pena verlos momentáneamente, es que la pregunta inevitable llega a uno y continúa resonando en la cabeza: ¿y ahora qué pasa, eh?.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *