#844. The Player (Robert Altman, 1992)

★★★★ (8/10)

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El plano secuencia que da inicio a The Player se destaca por su maestría técnica (desde el punto de vista visual y sonoro) a la vez que resume la visión de Altman sobre el mundillo de Hollywood, sumergiendo al espectador en el ámbito pleno de la metatextualidad desde el comienzo. La película critica el cinismo, las mentiras, los egos y las contradicciones de una industria exitosa en lo comercial pero decadente en sus principios.

Griffin Mill (interpretado por Tim Robbins) es un exitoso productor cinematográfico que se jacta de recibir 150 llamados al día, mayormente de guionistas con ansias de llevar sus historias a la pantalla grande y triunfar en la cada vez más competitiva industria. Pero la ficción se convierte en realidad cuando Griffin comienza a recibir amenazas de un guionista despechado. El crimen se interpone en su camino, poniéndolo en una encrucijada, de la cual tendrá que salir haciendo uso de sus dotes como businessman.

En un movimiento discursivo más que interesante, la película propone una trama que se asemeja a uno de los 150 “plot lines” recibidos a diario por Griffin, pero con el agregado de que, dentro del universo del film, esta historia es verídica. Esta vez, Griffin es protagonista de una historia con final abierto, y el riesgo de ser atrapado, aumenta minuto a minuto.

Al igual que en Shortcuts (inspirada en varios cuentos de Raymond Carver), Altman se destaca por su capacidad narrativa y el brillante manejo de los tiempos cinematográficos. La sutileza reside en el hecho de mostrar como una persona inescrupulosa puede triunfar en un mundo cuyos valores también han sido trastocados, siempre cuidando las apariencias y la reputación. En este aspecto, la película guarda relación con muchos de los clásicos films de cine negro pero con una vuelta de tuerca de estilo paródico.

Los cameos de celebridades se vuelven recurrentes, no con la intención de referenciar el Star System en sí, sino más bien, con la idea de recrear el ambiente de Hollywood de la forma más realista posible. Por ese motivo, la película se convierte en una crítica despiadada, no hacia una industria ficticia, creada para los propósitos del film, sino hacia el Hollywood real. En una escena que prácticamente resume ese universo, Malcolm McDowell (recordado especialmente por su papel en La Naranja Mecánica) aparece delante de Griffin y lo increpa por haber hablado mal de él a sus espaldas.

La escena final integra todos los elementos previamente desarrollados: cuando Griffin decide producir una película basada en su propia y deleznable experiencia, la realidad se convierte nuevamente en ficción, y los dilemas morales quedan sepultados bajo la máquina de ensoñación hollywoodense.

Por Hernán Touzón

 

 

 

 

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