#558. The Sting (George Roy Hill, 1973)

★★★½ (7/10)

still-of-paul-newman-and-robert-redford-in-blåsningen-(1973)

The Sting, un relato sobre estafadores en la época de la gran depresión, inicia presentando al elenco acompañado de la agradable melodía The Entertainer de Scott Joplin. Desde esa introducción hasta bien avanzados los primeros minutos del film, el director sitúa a sus personajes en un gris contexto pero con un tono ágil que apela más que nada a la comedia. Como si el film hubiese sido pergeñado por los dos criminales protagonistas, es el propio público quien resulta engañado y, en el transcurso de sus poco más de dos horas, en más de una ocasión.

La historia de Hooker (Robert Redford), un joven y divertido estafador que aún tiene mucho por aprender del oficio, da un giro por completo cuando su socio y maestro es asesinado por asesinos a sueldo por encargo del jefe mafioso Doyle Lonnegan o Lonneman, o Lonnihan, o Linneman (Robert Shaw). Es así que Hooker unirá fuerzas con Shaw (Paul Newman), un viejo estafador, para ajusticiar al jefe de la mafia de la única manera que ellos saben, estafando.

Mientras que Hooker, debido a su espíritu inmaduro y apresurado, es impulsado por un deseo de venganza, Shaw lo es también a su manera pero motivado por el deseo de recobrar el espíritu perdido, de tener una última oportunidad de realizar una gran estafa y sentir el codicioso sabor de los viejos días. Pasado y presente unidos por un bien común y que, al igual que los motivos que los impulsan a ellos, el film logra hacer lo mismo gracias al carisma y la química que el dúo de Redford y Newman irradia en pantalla.

A pesar de que el film termina alejándose considerablemente del tono de comedia, aunque en menor medida siempre conserva un poco de ello, se mantiene en movimiento no tanto al desarrollo de las estafas (las cuales por momentos tienden a dispersar la atención de uno) sino al elemento policial que pisa los talones de nuestros protagonistas. Así también como los engaños, las sospechas por parte de la mafia y la presencia de un enigmático asesino a sueldo.

Lo cierto es que, pertenezca al género que sea, comedia o policial, no es tanto la forma sino la fórmula lo que resulta eficiente. Redford y Newman, con esa vieja camaradería, logran que el espectador se preocupe, se divierta y se interese por una trama que no escapa mucho al simple hecho de una estafa. Sí, el público es engañado con soberbia fílmica, pero más que una estafa se siente como una jugarreta llevada a cabo por dos viejos y buenos amigos. Ya no será una comedia per sé pero gracia y sonrisa vuelven a hacerse presente.
Por Nicolás Ponisio
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