#662. The Shining (Stanley Kubrick, 1980)

★★★★½ (9/10)

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Las tomas aéreas del comienzo de The Shining, sumadas a la lúgubre banda sonora funcionan como una anticipación de lo que vendrá. El clima enrarecido se instala desde el primer fotograma de la película, sumergiendo al espectador en un estado de inquietud y alerta. Algunos minutos después, dentro del auto familiar, una conversación relacionada con el canibalismo prefigura la serie de elementos que se irán sucediendo, típicos de la construcción de las atmósferas y personajes del cine de terror.

Jack Torrance (interpretado por Jack Nicholson), es un ex maestro que necesita tranquilidad para escribir una novela, por lo que la reclusión junto con su familia en el hotel Overlook, se ajusta perfectamente a sus necesidades. Jack escucha atentamente las instrucciones de su trabajo, el cual consta de realizar el mantenimiento del lujoso y monumental hotel en la montaña, durante la temporada de invierno, momento en el cual el lugar se mantiene cerrado e inaccesible debido a las tormentas de nieve.

“La entrevista” (primero de los separadores de texto que Kubrick usa para diferenciar los momentos de la narración) entre el gerente del hotel y Jack se desarrolla de manera normal, salvando la mención de un incidente del pasado que tendrá repercusión en el desarrollo de la trama.

La soledad y el aislamiento le juegan una mala pasada a Jack y eso se convierte en un dominó que atenta tanto contra él como contra su familia. Sumado a esto, la supuesta tranquilidad del hotel se ve interrumpida por una serie de eventos misteriosos. Puede criticarse cierta rapidez por parte de Kubrick al mostrar el cambio de personalidad de Jack, aunque probablemente el problema tenga que ver con la elección de Nicholson para ese papel: desde el primer momento ya nos da indicios de no estar en sus cabales.

Pero el verdadero protagonista de la historia es Danny (Danny Lloyd), el hijo de Jack y Wendy (Shelley Duvall). Él es el que conecta los dos universos que parecen independientes (el de la normalidad del hotel vacío y el de los espectros que allí habitan). La cámara baja hasta su altura, asumiendo su punto de vista, y lo sigue en su recorrido en triciclo por los interminables pasillos del hotel. En su capacidad de medium, sus poderes psíquicos lo convierten en el primer testigo de los extraños sucesos que tendrán lugar dentro del hotel.

Luego de esta presentación, lo interesante es ver como los distintos niveles de realidad comienzan a entremezclarse y confundirse. En determinado momento de la película (por la mitad), el espectador ya no podrá diferenciar lo real de lo imaginario. En todo caso, tampoco parece ser de importancia, ya que ambos niveles actúan en el mismo plano de la realidad. El mismo Jack comienza a tener pesadillas (de las “peores que alguna vez haya tenido”), a la vez que mantiene diálogos con un antiguo barman del hotel en una fiesta típica de la clase alta durante los años posteriores al fin de la belle époque.

La película se toma su tiempo para presentar cada personaje, escena y situación, y esto es algo que el cine de terror mainstream actual debería considerar. No hay nada más terrorífico que los tiempos muertos y silencios, porque además de asustar le permiten al espectador algunos momentos de observación y reflexión. Eso se ve ejemplificado en varias tomas de la película, en donde el aspecto estético del terror, más que sus “efectos” de shock, se vuelven los más importantes. La toma de los ascensores bañados en sangre es una de ellas.

El hotel, incluyendo los fantasmas que en él habitan y sus respectivas alas y pasillos, tiene el mismo peso dramático que cualquiera de los personajes. La fotografía logra captar con maestría técnica cada rincón del mismo (a través del uso del gran angular), incluyendo el laberinto de su exterior. Allí tiene lugar una de las escenas más escalofriantes que el cine haya dado: durante la persecución final, la tensión dramática aumenta a la vez que produce claustrofobia y espanto. Es probable que las imágenes de The Shining persistan en la retina de los espectadores por mucho tiempo. En ese caso, el objetivo de la película estará cumplido.

Por Hernán Touzón

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