OFFTOPIC. Black Mirror (Charlie Brooker, 2011-…)

★★★★½ (9/10)

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Black Mirror es una miniserie británica de ciencia ficción emitida por primera vez en 2011, siendo el último capítulo emitido al día de hoy durante la Navidad de 2014. La cuarta temporada fue anunciada para emitirse este año.

Los distintos capítulos narran historias independientes, con distintos personajes, aunque manteniendo el concepto general: se plantea un futuro cercano (aunque sin definir exactamente cuándo suceden los hechos) en el cual la tecnología se ha convertido en fundamento esencial de la sociedad. En Black Mirror, la tecnología es parte constitutiva de la sociedad (antes que un medio, es un fin en sí mismo). Distintos “gadgets” entran en acción, “facilitando” la interacción social, y planteando a la vez dilemas morales profundos.

Casi como si la historia hubiera sido acelerada, vemos las profecias de Huxley y Orwell materializadas en robots, chips, cámaras y pantallas (espejos negros) intermediando en las relaciones e inmiscuyéndose en todos los aspectos de la vida cotidiana. Los detractores de la sociedad de control parecen haber desaparecido, en tanto el individuo “común y corriente” parece haber aceptado dócilmente este cambio de paradigma, sin ofrecer resistencia.

Al igual que en “La Naranja Mecánica”, donde lo que vemos es a la vez cercano y lejano, “Black Mirror” nos pone en lugar de espectadores de nuestro propio espectáculo. Las referencias son variadas y aparecen en cada capítulo, como si el creador de la serie nos quisiera recordar: “no estamos tan lejos de esto”.

En un capítulo de la primera temporada vemos como se generalizó el uso de una especie de implante de memoria, mediante el cual las personas pueden registrar y volver a ver cualquier experiencia vivida en todo momento. Salvando el hecho de que esta tecnología consiste de un implante subcutáneo, la comparación con el funcionamiento actual de la tecnología es inevitable, en definitiva es sólo una cuestión de medios disponibles, antes que de otro tipo de impedimento “social”. Aún no existen implantes de memoria, aunque sí existen servidores que almacenan esos recuerdos para que podamos acceder a ellos cuando queramos. Ejemplos como este se vuelven recurrentes en todos los capítulos, y solamente es necesario ver cada uno de ellos para ir estableciendo las similitudes (algunas más obvias que otras).

Otro punto interesante de la serie tiene que ver con la utilización de la tecnología para ejercer control social y policial sobre los individuos. El panóptico (la arquitectura carcelaria mediante la cual el vigilante tiene control visual permanente sobre el vigilado) se vuelve omnipresente. El vigilante ya no está en un lugar físico sino que es parte de la red, en la cual el control se ejerce a cada momento gracias a distintos sistemas de grabación y reproducción en tiempo real.

No deja de ser contradictorio que la producción de la serie esté a cargo de Endemol, la productora pionera en el terreno de los reality shows. Si en Gran Hermano, la idea del control social quedaba sepultada bajo los conceptos más retrógrados del marketing televisivo, en Black Mirror existe una crítica real a la influencia cada vez más asfixiante de las nuevas tecnologías sobre el comporamiento humano.

Por Hernán Touzón

 

 

 

 

 

 

 

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