★★★★ (8/10)

“Is a dream, we live inside a dream”. Es un sueño, vivimos dentro de un sueño era una de las frases enunciadas por el personaje de David Bowie en Twin Peaks: Fire Walk With Me, film basado en la famosa serie de David Lynch. Los sueños y la alteración del inconsciente, y junto a ello de la realidad, es algo que siempre le interesó al director y que fue explorado por él en gran parte de su filmografía. Mulholland Drive pareciera ser el broche de oro acerca del mundo onírico y de los estados alterados que inducen las imágenes de ensueño y misterio creadas por Lynch.

Siempre el mayor atractivo de los mundos audiovisuales de Lynch fue la manera en la que logra hacer cohabitar tanto lo inentendible del mundo surrealista con un contenido narrativo que es, en menor o mayor medida, claro en su mensaje, en lo que quiere contar y transmitir. Siendo parte de la industria y habiendo luchado por sus proyectos desde el comienzo, Lynch opta contar una historia de amor situada en medio del poderío de las producciones de Hollywood. Si bien el misterio cuasi detectivesco de una búsqueda de identidad es el motor que impulsa a la historia, es la descripción del mundo de los estudios, narrada entre la comicidad y el suspenso, la que gana presencia con una mirada crítica y como el gigante monstruo que condena la vida de los personajes. Sea desde la visión de la recién llegada Betty (Naomi Watts), la desorientada Rita (Laura Elena Harring) o el presionado cineasta Adam (Justin Theroux).

Betty es presentada como una chica inocente, ingenua en un mundo que requiere cierta agresividad para triunfar en él. Lynch, en más de una ocasión, ha estado influenciado por la obra de Hitchcock y es aquí donde caracteriza a su protagonista como una joven Tippi Hedren, tanto desde esa actitud inocente que tenía al dar sus primeros pasos como actriz, como en la vestimenta simil usada en The Birds ahora en el cuerpo de Betty en su primera audición. E incluso el tormento por el que pasa Betty (o Diane, el juego de la dualidad es otro elemento recurrente en Lynch) llega en un punto a explorar el mismo nerviosismo que vivió Hedren actuando para el director británico. Así como las simbologías insertadas se entremezclan entre ficción y realidad (actitud, vestimenta), lo mismo sucede en el mundo de Mulholland Drive.

Todo es transmitido con un aire de ensoñación, unido desde el encanto del sueño plácido (un baile, la fascinación reflejada en un rostro) hasta la peor de las pesadillas (un rostro estremecedor que irrumpe ante el público, la personificada amenaza de productores/mafiosos o el tormento persecutorio de dos figuras ancianas). Todo se inclina, no bruscamente sino de manera armoniosa con una buena construcción de tiempo y desarrollo, a un tono angustioso y pesadillesco siempre bajo la sombra, en ambos mundos, de la figura de esa industria bautizada con un nombre de inmensas letras sobre un monte, observando todo desde las alturas.

Mulholland Drive está hermanada a la pesadilla real que para muchos supone Hollywood. A su vez, su lazo se extiende hacia Hitchcock e incluso a Billy Wilder, otro director que supo nombrar a su film como una calle de Hollywood para retratar la desgracia de su ambiente. Y así y todo, tras recorrer historia cinematográfica, sin lugar a dudas conlleva toda la personalidad y lazo sanguíneo con el cine de Lynch. Un mundo de ensueño tan maravilloso como aterrador del que a veces, aunque se pudiera, es mejor nunca despertar.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *