#568. Don’t Look Now (Nicolas Roeg, 1973)

★★ (4/10)

dont-look-now-pond-scene

Un título como Don’t Look Now podría augurar un inquietante contenido en sus imágenes, que impacte y atraiga a la vez. Podría, pero no lo hace. En vez de ello, parece ser tan solo una advertencia. Si de tener varios títulos para mirar, el mejor consejo de un amigo sería no mirar ahora Don’t Look Now.

Roeg comienza con una escena donde inocencia y desgracia van de la mano unidas perfectamente gracias al don del montaje, uno de los fuertes aciertos del film. Una escena que en contenido y realización tiene lo justo y necesario para atrapar al espectador, algo que siempre todo film debería poder brindar en sus primeros minutos. Lo difícil es no caer en lo que llamo “la suerte del tráiler”, ese material que se destacaba y brilla por sí mismo con el fin de asegurarse un público pero que no sabe cumplir o seguir una línea que satisfaga al igual que las primeras imágenes ofrecidas. Desgraciadamente el film de Roeg, basado en un relato de Daphne du Maurier (autora convertida en éxitos cinematográficos como Rebecca y The Birds de Hitchcock), corre dicha suerte salvándose solo por momentos como quien da manotazos de ahogado entre los canales venecianos donde transcurre la acción del film.

La historia nos presenta a John y Laura Baxter (Donald Sutherland y Julie Christie), una pareja que acaba de sufrir la pérdida de su hija menor ahogada en un lago cerca de su hogar. Los padres, tiempo después, se trasladan a Venecia donde John tiene el trabajo de restaurar una vieja iglesia, al mismo tiempo que su vida y matrimonio. Lejos de la imagen idílica que cualquier extranjero o turista pueda tener de la ciudad de los canales acuáticos, la Venecia del film es presentada como extensión del derrumbe emocional de los personajes principales. Desgastada, gris, sucia, derruida. Ese aspecto le da al film una estética opresora, cuasi terrorífica pero que, al igual que la gente que se pierde entre las laberínticas callejuelas venecianas, no sabe qué camino tomar o dónde detenerse realmente.

Dos ancianas con aspecto de brujas, un piloto rojo recuerdo del pasado trágico y anuncio constante del peligro que acechando son imágenes y conceptos que en cual otra historia generaría una fuerte incomodidad (tal es el caso parecido de Rosemary’s Baby de Polanski). Aquí, la lejanía de esos elementos y el tratamiento frío desde imagen y relato, vuelven cansino el recorrido y nulo el interés por dicho peligro o lo que sea que pueda sufrir el matrimonio en cuestión. Por breves instantes, el director parece acercarse a un punto de interés, de despertarlo en nosotros gracias al montaje antes mencionado o en el uso del mismo en una escena sexual que no aporta mucho a la historia pero sí lo hace a la composición visual. También lo hace recurriendo a elementos del giallo que van desde el mejor Argento (Profondo rosso, 1975) hasta el peor (Dracula 3D, 2012).

Tales altibajos, momentos que brillan frente a otros que no deslumbran para nada, dejan en evidencia al film con una fachada deteriorada, caída abajo y que solo se mantiene erguida en los sectores menos dañados. Quizás la misión de John Baxter no era mejorar una vieja iglesia sino restaurar el film en el que se encuentra. En ambos cometidos termina fallando, a veces lo mejor es demoler y aguardar la construcción de algo mejor. Mientras tanto, no miren ahora para este lado.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s