#1040. Das Leben der Anderen / The Lives of Others (Florian Henckel von Donnesmarck, 2006)

★★★★ (8/10)

La_vida_de_los_otros_dos

La ópera prima de Florian Henckel von Donnesmarck se sitúa en la República Democrática Alemana para narrar el modo de vida que acaecía a la población de la Berlín Oriental. En la forma de un thriller que hace uso del suspense que no tiene nada para envidiar al cine mainstream.
El director, dentro de su obra, se expresa con libertad y sinceridad, dos elementos que en la época que retrata eran impensados de hallar. La cámara posa su atención en el departamento de Georg Dreyman (Sebastian Koch), un escritor que vive junto a su novia (Martina Gedeck) y que se dedica a escribir obras que agraden al totalitarismo disfrazado de democracia de su gobierno. Como todo artista de su época, Dreyman es espiado dentro de su propia casa por la Stasi, la policía de inteligencia, a través de un sistema de escuchas manejado principalmente por el capitán Wiesler (Ulrich Mühe), quien desde su lugar de incógnito se gana el interés principal del film.
Von Donnesmarck se pone en los zapatos de George Orwell y con su propia 1984 logra darle un rostro corpóreo a la figura del Gran Hermano. Ese rostro es el de Wiesler, personaje detestado en primera instancia pero que a medida que convive cada vez más en la vida de los otros, sus códigos y pensamientos son captados por una lupa autocrítica que, siendo expuesta, puede llegar a incinerar a Weisler y todo el que se encuentre bajo su cristal observador.
El lugar del artista, en el film, se ve limitado por el miedo, por hacer lo impuesto como correcto y acallar toda expresividad. Muy distinto al lugar que ocupa el artista fuera del film, en este caso el director, que sabe alzar su voz a través de la imagen, no en forma de denuncia sino de recordatorio e incluso de vivencia. El factor empático se deposita volviendo al espectador compañero de vigilancia de Wiesler, haciéndolo partícipe tanto de inmiscuirse en la vida del escritor como de sentir el quiebre dentro del agente de la Stasi.
Salvando distancias (geográficas y temporales) el director nos invita a ser parte de la historia desde ese pasivo lugar voyeurístico, a algunos para revivirlo y a otros para hacerlo por vez primera. Reutiliza lo malo, como puede serlo una situación o hecho histórico, en pos de lo bueno, en este caso su obra. Por suerte, como diría Enrique Pinti, quedan los artistas.
Por Nicolás Ponisio
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