★★★½ (7/10)

Los últimos versos del tema Volver, de Gardel y Le Pera, hablan del vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo que lloro otra vez. Los personajes que habitan el Volver de Almodóvar se encuentran con el alma aferrada a la amistad, al amor familiar, a un tiempo costumbrista como reflejo universal. La diferencia entre canción y film es que los recuerdos del pasado de sus personajes no son tan dulces, pero al igual que esos son llorados en su presente una y otra vez.

Abusos, infidelidades, viejas riñas y actos criminales se hayan en el interior de tan encantadores personajes femeninos. Tres generaciones de mujeres (madre, hijas y nieta) unidas por el dolor, la nostalgia y la colorida tonalidad con la que Almodóvar las construye entre el melodrama y la comedia. El film no solo implica el regreso de una madre dada por muerta, también es el volver sentimentalmente a las costumbres pasadas, volver sobre el pasado para entender el presente y volver a estos caracteres femeninos que, lejos de encasillarse en clásicos estereotipos, conforman mujeres universales claramente familiares para todos.

El director presenta una base realista para cada una de las líneas argumentales que presentan sus féminas: Sole (Lola Dueñas), una viuda que recibe en su hogar a su madre (Carmen Maura, siempre un deleite de la actuación), Agustina (Blanca Portillo), una enferma de cáncer que quiere saber qué ocurrió con su madre desaparecida tres años atrás y Raimunda (Penélope Cruz, deleite visual con reminiscencias a Claudia Cardinale), una madre dispuesta a todo por Paula, su hija (Yohana Cobo).

Las distintas temáticas, cada una entrelazada a la otra, son acompañadas por un desarrollo terrenal pero que también está unido a elementos de un tratamiento con una fuerte presencia ficcional (el suspenso de un homicidio o la sobrenatural aparición de un fantasma). Esto convierte al film en un disfrute de las costumbres clásicas, del familiarmente conocido cine de autor, y a la vez una invitación a lo nuevo, a lo desconocido, al misterio y a volver a sorprenderse. Almodóvar termina siendo tanto lo bueno conocido como lo bueno (y nuevo) por conocer.

Por Nicolás Ponisio

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