#1023. Collateral (Michael Mann, 2004)

★★★★ (8/10)

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Como una suerte de efecto mariposa, donde cada toma de decisión, cada acto o ausencia de ello desemboca en una sucesión de eventos encadenados, el taxi conducido por Max (Jamie Foxx) se mueve, se detiene y hace avanzar tanto a sus pasajeros como a una trama que gira en torno a él, viajando a la par. El taxi de Max es único en su especie, descrito por Vincent (Tom Cruise) como el más limpio de LosAngeles, es el núcleo del film que funciona como un ambiente íntimo, el director desarrolla gran parte de la acción en el vehículo pero sin recaer en lo comúnmente conocido (violencia y velocidad a todo da). Opta por dotar al pequeño espacio de un aura minimalista, que se reduce al uso mínimo de agentes externos, dejando como principal atractivo la relación conductor/pasajero y sacando a la luz de la ciudad los rasgos psicológicos de ambos personajes. Con ese tratamiento, el taxi bien podría tratarse de la oficina de un terapeuta y el film un ejercicio visual que pone en práctica (bien y mal) su visión introspectiva del accionar humano (bueno o malo).

Michael Mann, un buen conocedor del thriller de acción, sabe cuándo recurrir al clasicismo pero escapando de caer en la obviedad. Así como el auto mantiene a los personajes restringidos en un mismo sitio a la vez que los traslada a otros, el film de Mann crea todo un mundo, un sentido de acción y consecuencia rodeado por diversos elementos (fotografía y banda sonora los más destacados de ellos) que permiten trasladar su contenido dentro de la pecera visual que es la cámara centrándose en la pecera vehicular que significa el taxi en cuestión.

El timing narrativo es otro de los elementos que, dentro de un género bastante popular, logra adquirir una presencia protagónica que eleva al film por sobre muchos otros de la industria. Y es que dentro de lo conocido, de lo que resulta familiar ante los ojos, el director sabe sorprender con algo que a simple vista, o debido al prejuicio conceptual, no tiene algo nuevo para ofrecer. Pero es gracias a la construcción de los detalles mencionados y de la profundidad que se deja ver como la ciudad colmada de luces que es dejada atrás en el transcurso del viaje, que nuestra atención se enciende (somos el cartel de taxi) ya que la fórmula a veces no es contar algo nuevo, sino hacerlo de la manera correcta, con el buen uso de las herramientas que terminan ofreciendo algo sorprendente, inesperado. Un film similar a miles de otros que hay a su alrededor, pero en su desempeño es “el más limpio” de todos ellos. La sorpresa, algo totalmente valeroso hoy en día, termina siendo el efecto colateral de la obra de Mann, nuestro experto conductor.

Por Nicolás Ponisio

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