OFF TOPIC. 25 Años de Twin Peaks (Mark Frost y David Lynch, 1990)

★★★★½ (9/10)

KYLE MACLACHLAN

A riesgo de hacer uso de un típico cliché, los grandes placeres de la vida yacen en las pequeñas cosas. Esas cosas que adquieren mayor tamaño gracias a su valor y su significado y que jamás mueren con el paso del tiempo. Una de ellas, claro está, es un pequeño gran placer llamado Twin Peaks. Aquellos que visitaron el restaurant Double R o el gran Hotel del Norte sin lugar a dudas se les hace muy difícil no revisitarlos. Para aquellos que jamás se acercaron al bar Roadhouse o a los misteriosos, bellos y sombríos a la vez, bosques que rodean al pueblo, siempre hay una primera vez. Para ambos casos el viaje será inolvidable, así que let’s rock!!!

Como el querido agente especial Dale Cooper (Kyle MacLachlan), quien desbordaba de felicidad con tan solo observar unos patos nadando en el lago, respirando el aire de los abetos Douglas o simplemente bebiendo una taza de café negro acompañada de una porción de pastel, la serie ideada por Mark Frost y David Lynch sabía centrarse, posar la mirada en pequeños detalles de encanto mundano que cualquier otro, en un día ajetreado, pasaría por alto. Es cierto que parte de ese encanto se debe también a la bizarra y surrealista imaginación de Lynch, donde todo lo que podría ser normal no lo es. Donde todo elemento, sea este estrafalario, cursi, caricaturesco o terrorífico, siempre va más allá del límite, apostando a exteriorizar las pequeñas cosas y maximizarlas. Twin Peaks era arriesgarse por todo o nada, y eso conllevaba amarlo u odiarlo, acompañarlo o cancelarlo. Por todo lo que está bien y todo lo que está mal, cada uno de esos aspectos cohabitaron con el resto de la población de ese mundo.

Así es como no había lugar para los términos medios. El tipo malo era ultra malo a más no poder (Leo Johnson), El inteligente era un superdotado que hasta incluso percibía el lenguaje corporal (Cooper), el inocente de pocas luces era simil a un foco apagado (Lucy y Andy), los románticos asqueaban profesándose su amor (Donna y James), la virginal femme fatale seducía con cada centímetro de su cuerpo (Audrey Horne) y la idealizada y querida reina del baile(Laura Palmer), representante de todos los ideales americanos y del descontrol adolescente. Esta última era la exageración de ello en ambos lados de la moneda, siendo la más puta y la más buena a la vez. El mundo de Twin Peaks supo desarrollar en sus apenas 30 episodios (dos de ellos de hora y media más una película de dos horas de duración) los conceptos de pureza y corrupción, de belleza y monstruosidad, explorando las dos caras de una comunidad y dotando de una nueva identidad al medio televisivo.

Meanwhile

Fundadora de un nuevo estilo y una nueva forma de contar historias, el misterio del asesinato de la joven Laura Palmer (Sheryl Lee) funcionaba como una simple excusa para desatar el concepto de pueblo chico/infierno grande. Es más, si hubiera dependido de Lynch, quien perdió el control de la serie en su segunda temporada, el asesino nunca hubiera sido del todo revelado o al menos hasta el final, ya que por más que el whodunit no fuera lo principal, era el elemento que sostenía y guiaba al resto del centenar de historias paralelas y universos oníricos. La serie danzaba con la música de Angelo Badalamenti entre el género policial y la soap opera, lo que conocemos mejor como la clásica telenovela (y de la cual el propio show se burla con su programa Invitation to Love, abandonado más tarde en la segunda temporada). Las historias del corazón tan consumidas por el ama de casa y la eterna enamorada juvenil, bailaban sensual y peligrosamente con el entramado del narcotráfico, las violaciones y, desbordando imaginación, con el lado siniestro de demonios asesinos, de doppelgangers y con la ayuda de enanos y gigantes extraños.

Así pues, esa dualidad presente una y otra vez a lo largo de la trama, también se encontraba en su entretenimiento. La serie que ocupaba en la mayoría de los hogares las pantallas televisivas, se disfrazaba de historia sentimental y de investigación policial del primetime (horario de máxima audiencia en televisión), cuando el verdadero metamensaje se mueve en las copas de los árboles del bosque, allí donde los búhos no son lo que parecen. Cuando se cree conocer el terreno recorrido y se ha aprendido amar a los personajes, se hace a un lado la cortina para develar que el hombre detrás de ella es lo menos atemorizante de todo lo que allí atrás hay. ¿Quiénes habitan detrás de la cortina? Aquellos momentos de horror, crueldad y salvajismo psicológico que incluso al día de hoy, 25 años después de su estreno, continúan helando la sangre. 25 años después, el fuego continúa caminando conmigo.

TW

Los primeros 17 episodios (8 de la primera temporada y los primeros 9 de la segunda) brindan alegría y placer a la mirada del espectador al igual que el pueblo se lo da a Cooper. Incluso para alguien como quien les escribe, que no vivió el momento de esplendor de Twin Peaks a comienzos de los noventa, supo al estar por vez primera frente a esas cabañas o al hipnótico cuarto rojo (la Black Lodge) que ese mundo creado era algo único, antes jamás visto… y menos después. Si bien formó escuela, ya que gracias a su índole noir y sus conceptos sobrenaturales con el tiempo llegaron producciones como X-Files (Chris Carter, 1993-2002), Lost (J.J. Abrams, 2004-2010) o True Detective (Nic Pizzolatto, 2014), lo entrañable de sus personajes y el enigmático desarrollo de guión jamás fue igualado.

Twin Peaks fue la serie que demostró que había un lugar, además del cine, donde se podía llevar a cabo una producción de calidad que no le debía envidiar nada al mundo cinematográfico. El arte había hallado un nuevo hogar, solo bastaba saber desarrollarlo siendo fiel al mundo establecido y a los personajes creados. La serie de Frost y Lynch fue un experimento de prueba y error, de todo lo bueno y lo malo que puede ofrecer una serie televisiva. El robo a manos de los productores que significó gran parte de la segunda temporada devino en el ahora clásico estiramiento de episodios. Lo que se llama “la trama chicle”. El hombre de otro lugar (Michael J. Anderson) le dice en uno de los primeros episodios a Cooper que “ese chicle que te gusta volverá a ponerse de moda”. La críptica pista, una vez resuelta, parece haber sido arrojada al suelo y al ser pisada, comenzó a estirarse y pegotearse en la suela, a ensuciarse y perder el encantador sabor que poseía. Cuando volvió Lynch a tomar el control, desechando el viejo chicle y degustando uno nuevo, ya era demasiado tarde. Mientras que en los años siguientes, el mismo error fue cometido y perdonado cientos de veces, en Twin Peaks fue algo que la producción no pudo pasar por alto y que el propio Lynch, al día de hoy, tampoco se permitió perdonárselo así mismo. Al menos tuvo su propia venganza contra las grandes cabezas en ese último y aterrador episodio que, con una pregunta frente al espejo, desgarró mente y alma de los fans.

Audrey-Sherilyn-Fenn-Wallpaper

Entre tantas series de calidad que hubieron y hay hoy en día, The Sopranos (David Chase, 1999-2007), Six Feet Under (Alan Ball, 2001-2005), Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013), Fargo (Noah Hawley, 2014) o Hannibal (Bryan Fuller, 2013- ), Twin Peaks podría haber envejecido con el paso de los años. Si bien un poco lo ha hecho, más que nada en lo técnico, continúa funcionando y al día de la fecha sus tropas de fanáticos siguen adquiriendo más seguidores.

El pueblo en cierta forma es atemporal, los hechos transcurren en el año 89 (Laura Palmer muere un 23 de Febrero de 1989) pero la estética, la música y la vestimenta de los personajes, más que nada de sus atractivas mujeres, envician el aire de una atmósfera que retrotrae a los años cincuenta. Si los cincuenta sobreviven en ese pueblo, la serie hace lo mismo en la actualidad. El anuncio de una posible tercera temporada para 2016 (lo cual nunca fue descabellado de pensar ya que en el último episodio Laura Palmer le promete a Cooper: “Nos volveremos a ver en 25 años”), reafirma el hecho de que el público nunca abandonó Twin Peaks al igual que David Lynch tampoco lo hizo. Su amor por los rincones de ese pueblo es tan grande (tanto que tuvo que habitar allí con su sordo y encantador Gordon Cole, nombre que debe su origen al fanatismo del director por el film de 1950 Sunset Boulevard de Billy Wilder) que, siempre que se lo ve hablar de cómo todo se echó a perder, transmite su tristeza así como nos transmitía su fascinación por el pueblo a través de Cooper, quizás su gran álter ego.

Visitar Twin Peaks implica enamorarse a primera vista. Volver allí es reencontrarse con un viejo amor y descubrir con alegría que el sentimiento y la pasión continúan latiendo tan fuerte como la primera vez. Solo basta perder la noción del tiempo y detenerse a disfrutar cada pequeño momento, como degustar con el olfato una taza de café recién servida. Usted está saliendo de Twin Peaks, vuelva pronto.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s