#945. Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)

★★★★★ (10/10)

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Terminamos con el pasado, pero el pasado no terminó con nosotros. Frase bíblica que, tanto el narrador como los personajes, repiten reiteradas veces en Magnolia. Esa frase sirve como una suerte de ligero resumen del film (si es que puede hacerse) y a la vez posiciona en su lugar a las entrecruzadas tramas. Repitiendo la fórmula de narrativa coral que ya había utilizado en Boogie Nights (1997), Anderson lleva acabo un relato que no puede tener otro lugar de existencia más que el propio cine. Las seis historias que se suceden, más los alucinantes primeros tres relatos cortos del comienzo, pueden nacer de la literatura, basarse en una canción o mismo en una experiencia personal, pero no existe otra manera de contarlos que no sea por medio de las imágenes.

La naturalidad con la que cada una de las historias se desarrollan unidas a las demás, a la vez sin entorpecer su desarrollo y la forma en que sorprenden y maravillan visualmente hablando, entra en relación en una simbiosis cinematográfica entre guión y dirección, así como la misma se da entre los diferentes personajes. Desde su génesis se hace presente una autoconciencia de la ficción que representa el film y no por ello, por más que haya lugar a elementos fantásticos (y hasta quizá no lo fueran), la base que sostiene a sus complementos es el enfoque realista y humano. Un existencialismo tal que, evidente en la pantalla, logra hacer mella en el espectador y exteriorizarlo por medio del dolor, la alegría y la nostalgia.

El moribundo padre (Jason Robards) que quiere reencontrarse con su hijo famoso (Tom Cruise), el ex niño genio (William H. Macy) que quiere ser amado, el actual niño genio (Jeremy Blackman) que busca complacer las ambiciones de su padre o el policía que busca hacer el bien (John C. Reilly), entre otros. Todos ellos, con sus pros y contras, buscan una respuesta de amor en sus vidas. El sentido que se le suele buscar al día a día y la respuesta al quiénes somos aparece en la forma del amor y cariño de esas personas que se forman a nuestro lado al igual que cada una de las historias de Magnolia conviven entre sí, sufriendo y fortaleciéndose entre ellas.

Los accidentes suceden, la maldad y la bondad existen, las rarezas se presentan pero lo que Magnolia permite es que esas cosas no queden ligadas a la suerte del azar. El sentido está para aquel que quiera buscarlo y obviamente encontrarlo. Algunos tendrán más suerte hallándolo que otros pero todo se sucede por una razón, las coincidencias, en palabras de Anderson, no existen, Pido por favor, que no existan. Una mirada a cámara tendrá como conclusión de que en parte alguien quizá intente vivir con el pasado, más no dejarlo atrás. Dicha mirada sobre quien observa del otro lado de la pantalla traerá cierto alivio con la forma de observarse a sí mismo. El exteriorizarlo ya recaería en uno.

Por Nicolás Ponisio

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