★★★★★ (10/10)

Cuando le preguntaron a Bernard Hermann sobre el por qué de las cuerdas estridentes en la banda sonora, el músico contestó que le parecía que si la imagen se caracterizaba por un blanco y negro profundo, ese concepto estético podía ser llevado a la música acotando la instrumentación (el timbre, el color) a un sólo grupo de instrumentos, correspondientes a la sección de las cuerdas de la orquesta. Interesante acercamiento, porque evidencia un nexo entre lo técnico y lo estético. El cine comenzó como medio técnico y lentamente fue configurando una estética (o varias) a través de la experimentación. Justamente es la experimentación lo que Hitchcock se permitía y le permitía a su equipo técnico (salvando el caso de las actuaciones; es conocida su frase de que a los actores había que tratarlos como ganado).

La experimentación está presente a su vez en el guión. Una protagonista con las típicas cualidades de sensualidad hollywoodense que nos abandona a la media hora de película, girando el foco de atención de la historia hacia Norman Bates (Anthony Perkins), un personaje que oculta más de lo que muestra.

Siguiendo con la experimentación, hay una escena que resulta particularmente interesante. Vemos a Marion Crane (Janet Leigh) huyendo por la autopista a la vez que escuchamos una voz en off, pero nunca terminamos de saber si esa voz en off representa la voz de su conciencia o la voz del director. Un efecto buscado que potencia las intersecciones entre lo que sucede en el nivel de la historia y en el de la narración.

Haciendo un recuento de los personajes de Psycho nos topamos con una sorpresa. Hay un personaje inerte, antiguo, salido de otro tiempo, no hablamos de la madre de Norman, sino que nos referimos a la casa. A lo largo de la filmografía de Hitchcock encontramos una repetición, que probablemente nos hable sobre cuestiones ideológicas y estéticas profundamente arraigadas en la mente del genio del suspenso: toda la filmografía de Hitchcock evidencia una tensión irresuelta entre la mentalidad victoriana (conservadora, reprimida) y la mentalidad moderna (prágmática, cotidiana). Por eso es que muchas de sus películas tienen que ver con sueños o fantasías. Los sueños son un puente entre lo reprimido y lo no reprimido. La casa de Psycho se erige en un ambiente onírico, enrarecido, y lo que sucede allí dentro tiene que ver con cuestiones psicológicas y sexuales no resueltas. El hotel representando el pasado y la autopista representando el progreso; dos elementos en tensión constante. La complejidad de Norman Bates también tiene que ver con esta cuestión, en su interior luchan el pasado y el presente.

Cada vez que vuelvo a ver Psycho, la imagen de la madre de Norman me va envolviendo como un torbellino. Nunca vemos a la madre pero sabemos que está allí, y a cada paso del desarrollo de la película, la sombra de este personaje (trabajado íntegramente desde el fuera de campo) resulta más aterradora que las propias puñaladas.

La escena de la ducha. Nunca vemos al cuchillo penetrar la carne. Es el montaje, el que, a través del uso de cortes varios, y el sonido chirriante, penetra nuestra retina, lastimándola.

Siempre es una buena oportunidad de volver a ver Psycho, su interés no tiene que ver con cuestiones de guión o de suspenso, sino más bien con elementos experimentales dentro de un sistema cinematográfico tan estricto como el hollywoodense.

Por Hernán Touzón

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