★★★★★ (10/10)

El azar como posibilidad creativa. Jarmusch construye algo allí donde parece no haber posibilidad de nada. La sencillez de la trama se contrapone al perfeccionismo del cuadro. La puesta en escena está totalmente controlada por el ojo del director, atento tanto al detalle como al aspecto general de la acción. Cada plano de Stranger Than Paradise es una postal de la desolación y la alienación urbana. El blanco y negro altamente contrastado impregna la retina del espectador y perdura en el tiempo como un fresco de época.

El título de la película puede interpretarse de manera irónica, tomando en cuenta que un lago congelado o un motel en las afueras de una ciudad costera tienen poco de paradisíaco. Esta idea se resume en una conversación entre los protagonistas: “Vienes a un lugar nuevo y todo se ve exactamente igual”.

Jarmusch parece estar obsesionado con evidenciar el paso del tiempo y a su vez, capturar los tiempos muertos como forma de representar el tedio de la vida moderna. Los personajes, outsiders que no aceptan las reglas del sistema, deambulan por ciudades esquivas, oscuras, desprovistas de humanidad. Las relaciones son circunstanciales, reflejo de una mentalidad colonizada por el discurso televisivo.

Toda la película está teñida de una comicidad absurda que, antes de funcionar como divertimento, sumerge al espectador en una cotidianidad enrarecida.

Por Hernán Touzón

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