#938. Pi (Darren Aronofsky, 1998)

★★★★½ (9/10)

pi darren

Rodada con un presupuesto mínimo, la ópera prima de Darren Aronosfky se destaca por su estética visual altamente contrastada y el uso de efectos sonoros estridentes. El título puede prestarse a confusión si esperamos ver una película sobre números o sobre matemáticas. Es cierto que hay algo de eso, pero el eje no es tanto el mundo de los números, sino más bien el estudio de la psiquis humana en relación a las obsesiones.

Temáticamente, la película se sitúa en el umbral entre el thriller y la ciencia ficción: el protagonista está convencido de que detrás de los números existen patrones absolutos que se repiten en diferentes instancias de la vida y ese convencimiento lo lleva a pasar horas y horas delante de sus computadoras, interpretando, analizando y tratando de darle sentido al caos numérico. Max (Sean Gullette) vive en un estado de agitación constante. La cámara lo sigue, aferrada a su cuerpo, vaya adonde vaya. Recurrentemente sufre de migrañas severas, que lo obligan a darse inyecciones y tomar drogas de todo tipo y color. Todo a su alrededor es sospechoso, por un lado hay gente de Wall Street persiguiéndolo para hacer usufructo comercial de sus investigaciones (su trabajo consiste en buscar patrones numéricos en la bolsa de valores, o como él la llama, “la representación numérica de la economía global”) y por el otro, es víctima de un grupo de judíos fanáticos en busca de respuestas divinas en forma de números. Pero todo se nubla cuando comenzamos a experimentar los lapsus de Max, no podemos discernir la realidad de los sueños, lo real de lo ficticio, y es ahí donde se encuentra lo más atrapante de la película: Max se obsesiona tanto con una serie de números que va perdiendo noción de su realidad circundante.

El montaje parece emanar de la propia mente del protagonista, las imágenes están enrarecidas y su consecutividad parece ser una metáfora de una larga serie de números inconexos. La película transmite en imágenes lo que se desprende de su argumento, como si la forma de describir una idea fuera apelando estéticamente a esa misma idea (el blanco y negro de la imagen puede llegar a tener relación con el sistema binario). Es interesante también como se alternan imágenes reales con imágenes de computadora o altamente manipuladas. Hasta se puede decir que el propio cerebro de Max funciona como una computadora. En ese sentido, no es ilógico pensar en Pi como una película de referencia para la realización de Matrix, un año posterior.

Por Hernán Touzón

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