#626. Eraserhead (David Lynch, 1977)

★★★½ (7/10)

eraserhead-baby

Ópera prima de Lynch que desde su simpleza y originalidad da a luz al particular estilo visual del hombre del cabello impeinable. El film, que entre idas y venidas le llevó cuatro años realizarlo (mientras trabajaba repartiendo periódicos y filmando únicamente los fines de semana), respira un aire sobrecargado de pesadilla. Éste, en vez de ahuyentarnos, nos incita a recibirlo y abrazarlo con disfrute.

Entre sobreactuaciones, simbolismos y abstracciones Lynch crea un universo con un claro contenido. El mundo del surrealismo siempre puede prestarse para jugar a la locura conceptual que no llega a ningún lado. La diferencia de Lynch con otros directores de este movimiento es que, por más de plagar las imágenes con elementos que quizás no se comprenden (ni es esa su intención), subsiste su placer de contar y transmitir. En vez de perderse en un espiral caótico que pueda perder conexión alguna con el público, en su rareza halla la forma de llegar a él. Dentro de la deformidad presente, el director apela a la sensibilidad, pura y llanamente a los sentimientos que pasan por una simple cabeza… o cabeza borradora.

Ese cuerpo celeste que flota rodeado por la oscuridad del espacio es el mundo/mente de Henry (Jack Nance), el cual está por ser amenazado como en un film de ciencia ficción. Pero la amenaza no proviene de afuera sino del interior del propio Henry y de su novia Mary (Charlotte Stewart) con la forma de un bebé… o algo por el estilo. La llegada de un bebé (nombrado Spike por el propio Jack Nance) que en vez de un pan bajo el brazo, trae consigo un horror claustrofóbico.

No solo la presencia de la agonizante criatura funciona como el generador de pesadillas (la cual al día de hoy es un secreto guardado por el director el cómo fue realmente concebida), sino también la composición de arte y el uso de escenografías. Los espacios cerrados además de pequeños están sobrecargados por tuberías, suciedad, humo y, por momentos, una escasa iluminación. Todo dispuesto a contribuir al horror de la paternidad y la vida conyugal. Henry desde el comienzo está rodeado por personajes y situaciones que alimentan el malestar en el ambiente y dotan de una carga negativa al acto de dar a luz y sus consecuencias. Basta con tan solo echar un vistazo a la cena servida por los padres de Mary, que no tarda en sangrar viscosamente, los cachorros que se alimentan de su madre con desesperación e invadiendo su cuerpo o la imposibilidad de una vida tranquila, ahora interrumpida por el llanto incesante del bebé o la falta de espacio a la hora de dormir.

El universo de Henry (terrenal y cerebral) entra en colisión, el único escape es el plano onírico al cual se llega a través de una estufa y donde Lynch visita un mundo de cortinas que revisitaría más de una vez. Dicho mundo también es invadido por el clima pesadillesco e invasivo que también seguiría sabiendo construir en sus siguientes proyectos y, al igual que el resto de la mente de Henry, termina estallando dejando a su paso un mar de estrellas. Del horror nace el encanto. Así como con su show de fenómenos nos ofrece enamorarnos de su naciente obra, con Eraserhead le brindaba al cine una nueva mirada, visual y conceptual. El nacimiento de una visión y con ella, el de una nación de fans.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s