#548. Deliverance (John Boorman, 1972)

★★★★ (8/10)

hand-lake-deliverance-1972

Parajes naturales, a simple vista inhabitados, son recorridos por el hombre. La imagen de lagos, ríos y montañas es invadida poco a poco por voces en off, vehículos y hasta construcciones que irrumpen la tranquilidad del lugar. John Boorman viaja junto al espectador así como sus cuatro protagonistas lo hacen recorriendo los montes apalaches. El viaje que ofrece comienza como debería ser todo escape vacacional. Apacible, con una armonía expresada en el piar de los pájaros, en la luz del sol que baña a los árboles y el sonido del arroyo que fluye a sus pasos. La construcción de ese clima ofrece una mirada respetuosa para con la naturaleza que, con la llegada de los avances urbanos, está en vía de extinción. La llegada de cuatro amigos (John Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty y Ronny Cox) que quieren realizar un viaje en canoa por el río Cahulawassee pondrán el respeto en juego, sacando a la luz otro tipo de naturaleza. La naturaleza humana.

Mientras que expresan a través de miradas y diálogos el respeto por el entorno que los rodean, no lo hacen por medio de sus actos. El encuentro con los lugareños deja en evidencia la arrogancia de ciudad de Bobby (Beatty) o la forma en que Lewis (Reynolds) desafía sin respeto alguno al río y sus rápidos. El viaje de ensueño se convierte en un infierno y el alejamiento de la ciudad no hará más que acrecentar la ausencia de ley y la pérdida de civilización.

El director utiliza la tranquilidad del ambiente y la enfrenta con situaciones y personajes que rayan en alarma. Quietud e inquietud a la vez. A los pocos minutos del film se produce un encuentro entre Drew (Cox) y un niño montañés, ambos se enfrentan en un duelo de banjo contra guitarra que funciona como anticipación de esa lucha que se llevará a cabo entre campo y ciudad. El propio Drew, al no poder seguir con el ritmo al inquietante niño, confiesa estar perdido. No faltaría mucho para que él y el resto de sus amigos lo estuvieran para siempre.

La palabra arroyo, además del término fluvial ya conocido, también se asigna a un ambiente de miseria y marginación. Justamente todo lo que produce el encuentro del progreso urbano y la naturaleza geográfica. Los actos que se dan dentro del paisaje solo son el anuncio de la completa pérdida de naturaleza. La violencia con la que se sacuden los rápidos parece haber bañado a los lugareños con un poco de ella. El río termina tragándoselo todo a su paso y lo único que escupe son los recuerdos de las verdaderas vacaciones que se pueden llamar inolvidables.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s