★★★½ (7/10)

Bram Stoker’s Dracula podría catalogarse como título infiel. Es cierto que el film de Coppola se permite ser lo más fiel posible a la obra literaria del autor irlandés pero a la vez, con la ayuda del guión de James V. Hart, se aleja de la misma en pos de acercarse al clásico vampiro. La pasión romántica de Drácula (Gary Oldman) por Mina (Winona Ryder) es una invención. La infidelidad cometida por Mina es una clase de traición para con el material original que sin embargo logra enriquecer mucho más a la historia.

Su libre adaptación permite que haya una presencia mayor de la poética vampírica y la seducción tan perteneciente a estas criaturas de la noche. El interés amoroso y la sensualidad que se despierta a raíz de él crean un fuerte lazo de empatía para con Drácula. No es el clásico ser bebedor de sangre sino que el film reluce su costado humano. Es un hombre sufriendo eternamente por amor. La actuación de Oldman (la única que se destaca) genera un hechizo de atracción con el público como su personaje también atrae al de Mina. Las demás performances resultan ser demmasiado acartonadas, exploran un costado demasiado shakesperiano que tal vez funcione en teatro más no en el celuloide. Actuaciones que en ocasiones rozan el absurdo. Ejemplo de ello es el caso de Jonathan (Keanu Reeves) o de Van Helsing (Anthony Hopkins en la que debe ser la peor actuación de su carrera). De forma paradójica los personajes femeninos como Mina y Lucy (Sadie Frost) son fuertes y representan la lucha contra los instintos básicos, tan reprimidos en el siglo XIX.

La voz y el deseo femenino son expresados en contraposición del tabú y la exclusión de las damas que se podía encontrar en aquella época. El film explora esos deseos, cumple su función de despertar sexual, de atracción humana. Los diseños de vestuario o el arte escenográfico también poseen este efecto, respirando un aire barroco. Tanto por su contenido gótico y romántico como por los planos sumamente cargados de detalles que en ocasiones llegan a asfixiarlo. Aún así, cuando la imagen no está extremadamente sobrecargada, se puede hallar un encanto hipnótico en sus pintura matte, en el uso de maquetas y en los trucos de cámara y sombras teatrales.

La falta de naturalidad que rodea al film, la tan notada presencia cartoné, más allá de su encanto visual, plaga de fallas al mismo. Éste es salvado gracias a la construcción del costado humano y del fruto de deseo representado por la relación entre Drácula y Mina. El fruto prohibido en máxima expresión y en la forma de afrodisíaco visual.

Por Nicolás Ponisio

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