#263. The Big Heat (Fritz Lang, 1953)

★★★½ (7/10)

The Big Heat 2

Lo único que queda claro en The Big Heat es que el mundo es injusto. Puede haber gente intentando hacer las cosas bien, pero la moral ya fue corrompida por ese oscuro placer terrenal: el dinero. El sargento de Policía Bannion (Glenn Ford) intentará llegar hasta el fondo de estos problemas, incluso poniendo en juego su propia vida y la de su familia. En el mundo del film noir no existe tal cosa como la justicia burocrática, y eso es lo terrible: los personajes tienen que poner el cuerpo en todo momento porque el sistema está resquebrajado. Si el sistema está resquebrajado, la única forma de arreglar algo es manipular las reglas del mismo sistema, es decir, Bannion sabe que quedándose en su escritorio no va a resolver nada, o aún peor, no accionar en la práctica y en la calle es más peligroso que mantenerse “en los confines de la ley”. Pero el problema es que Bannion pone demasiado en juego para obtener demasiado poco a cambio (la vuelta a su trabajo de escritorio y café caliente todas las mañanas). En la mente de Bannion está su trabajo, el mundo del delito, los asesinatos y la doble moral, y por otra parte, está el microcosmos familiar. En determinado momento de la película esos dos mundos confluyen en uno, una síntesis macabra de cómo realmente funciona la sociedad moderna. Ese costado pesimista y fatalista es lo que convierte a la película en un emblema del film noir.

Por Hernán Touzón

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