#1080. Inglourious Basterds (Quentin Tarantino, 2009)

★★★★½ (9/10)

inglourious-basterds

Tomando prestado el título internacional del film bélico italiano de 1978 The Inglorius Bastards (Quel maledetto treno blindato, Enzo G. Castellari), que más allá del contexto histórico poco o nada tiene que ver con sus bastardos, Tarantino pone en juego desde el comienzo la importancia del lenguaje. Interviene al título con faltas ortográficas indicando, siempre con un espíritu provocativo y una evocación al humor, que no todo debe tomarse tan en serio… al menos lo referente a hechos históricos. Otro ejemplo de ello es el primer capítulo del film llamado “Érase una vez… en la Francia ocupada por los nazis”. Establece su índole de fábula, como un aviso del propio director de que el camino tomado no será otro más que el creado por él mismo. De esa manera logra escapar al verosímil histórico sin dar razones de ello.

Inglourious Basterds marcha en un camino narrativo rodeado por el dramatismo, la comedia y la violencia. Ésta última expresada no tanto por representaciones gráficas sino por situaciones que el director logra desarrollar poco a poco. Se toma su tiempo generando una tensión que raya en alarma y que siempre está por estallar con el peor de los resultados. Y lo hace. La dirección de miradas y los primeros planos que captan rostros cambiantes construyen la sensación de peligro envuelta mayormente por diálogos que pueden resultar banales pero que contienen un subtexto implícito en ellos (una conversación cinéfila, el parecer al degustar un postre o un simple juego en un bar). Allí se hace presente el lenguaje de la cámara y el interpretativo, pero alcanzan su mayor esplendor en el uso de la palabra.

La elección de Tarantino por hacer hablar a los personajes en su idioma original o empleando el correspondiente a tal situación (así es como hay una constante variante entre el inglés, el alemán, el francés y el italiano) no solo aporta verosimilitud a los diálogos, sino que además se erige a lo largo del relato como un personaje más. Sin el respeto necesario al idioma, el film carecería de su empleo estratégico como el que le da el coronel de la SS Hans Landa (Christoph Waltz) para masacrar a una familia de judíos. La infiltración del teniente Hicox (Michael Fassbender) y sus compañeros como nazis, delatados por un gesto no perteneciente a lengua alemana, o más irónicamente la falsa identidad italiana de Aldo Raine (Brad Pitt) que pone en mayor evidencia su misión, son usos lingüísticos que ayudan al avance del relato.

Incluso reinterpreta el lenguaje cinematográfico logrando que ni la pantalla lo contenga. La venganza en la historia es el mismo cine que escapa siendo proyectado en humo, elevándose en el aire. El lenguaje es el todo que unifica al film y lo mantiene sobre sus hombros. Así como Tarantino (re)transforma el título de un viejo clásico italiano, también hace lo mismo reescribiendo los libros de historia con su vengativa visión de la Segunda Guerra Mundial.

Por Nicolás Ponisio

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