#657. Mad Max (George Miller, 1979)

★★★½ (7/10)

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Violencia sobre ruedas con ese espíritu de antaño que la vuelve entrañable. Mad Max es un film que sirve como recordatorio de que hubo un tiempo en el que Jason Statham o Vin Diesel no acaparaban el género de road movie de acción, volviéndolo insípido.

Dentro de sus escasos recursos, George Miller encuentra el tono justo de entretenimiento en las desoladas carreteras australianas con un dejo de spaghetti western retro-futurista. A diferencia de los films de acción posteriores, Mad Max no recurre en primara instancia al puntapié inicial, donde el “héroe” de turno sufre una pérdida familiar que lo lanzará en su frenética búsqueda de venganza y el conteo de cuerpos caídos, que años posteriores se utilizaría infinita cantidad de veces, inclusive hoy en día. El film de Miller no recaerá en ese recurso argumental sino hasta alcanzados los minutos finales.

Max (Mel Gibson) enloquece en plan de venganza solo a pasos de la conclusión, lo que haría sospechar que el título del film no es más que una publicidad engañosa. No os preocupeis, que tampoco se trata de ello. Las variantes escenas de acción, su dinamismo vehicular y la locura con la que la pandilla de motociclistas aterroriza a una población en decadencia, por momentos rozando lo caricaturesco, son los factores presentes en pantalla que hacen honor al título (Mad Max puede interpretarse también como abreviación de máxima locura).

Miller establece el desenfreno no solo en las persecuciones sino como exteriorización de las mismas representadas en los personajes que no tardarán en perder extremidades o volar por los aires. El casi nulo uso de diálogos o los climas familiares/románticos que parecen pertenecer a una telenovela del corazón, no restan sino que suman para acrecentar la experiencia. El primero por dar un mayor lugar a la expresividad de la imagen y el segundo para establecer una vida soñada que obtendrá un efecto más shockeante al ser puesta patas para arriba.

El film encuentra sus fallas en varios momentos donde las situaciones sufren un estado de aletargamiento o pobres resoluciones que, de evitarse, aportarían un mayor sentido de dinamismo al relato. Sin embargo, en su precariedad logra hallar el valor que quizás a simple vista no se aprecie.

Por Nicolás Ponisio

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