#579. The Conversation (Francis Ford Coppola, 1974)

★★★★ (8/10)

maxresdefault

Harry Caul (Gene Hackman) es el oyente escuchado. Su profesión, un investigador privado a base de equipos de sonido, le permite inmiscuirse de manera prolífica en la vida de sus objetivos. Mientras que en su labor desarrolla un perfil imperceptible, la relación con sus colegas e incluso sus clientes mantendrá toda la atención sobre Caul. Los compañeros laborales se manejan entre la envidia y la admiración que representa el exitoso desempeño del investigador. Quieren saber todo de él y el enigma que representa. A su vez, también despierta la atención de su empleador, otro interrogante de por medio que solo se contacta con Caul a través de su asistente (Harrison Ford), siempre frío y amenazador.

El film de Coppola, realizado el mismo año que llevó a cabo la segunda parte de The Godfather, se construye gracias al tono intrigante que maneja en conjunto a Walter Murch. La edición y el diseño de sonido son los grandes protagonistas del film. Inician el misterio, ofrecen y ocultan las pistas necesarias para resolverlo y también funcionan como exteriorización psicológica de Caul, quien a pesar de manejar medios de comunicación e interpretar comunicaciones ajenas, no puede lograr lo mismo socialmente. El personaje introvertido, encerrado en su propio mundo de escuchas y lamentaciones de su pasado, se ve atraído en las segundas intenciones que puede ocultar una, en primera instancia, conversación banal. El sentimiento caótico de atracción que genera en él (el único presente ya que ni siquiera se permite tenerlo con sus compañías sexuales), tortura y obsesión liberan al personaje de su introversión en busca de redención.

La formación de un clima que funciona como espiral hipnótico, despierta obsesión y terror por igual, también formados por la utilización del sonido, en este caso la conversación grabada que se escuchará reiteradas veces a lo largo del film. Se vuelve una y otra vez a una voz femenina, dulce, que canta y repite sus diálogos y con cada repetición se irán descubriendo nuevos aspectos que sin embargo no permiten el entendimiento total de ellos. Como una suerte de Blow-Up (Michelangelo Antonioni, 1966), donde el estudio de una inofensiva fotografía devela más de lo que se ve a primera vista, Coppola y Murch logran lo mismo con la manipulación sonora (también visual) que puede resignificar todo el film e incluso al atormentado Caul.

Un hombre experto y apreciado en su área pero que, dentro del film y el mundo exterior que representa, solo es una persona insignificante (sentimiento logrado gracias a planos generales o la ubicación en escenarios del personaje hecho a un lado). Una figura visiblemente perdida entre tantas otras a su lado y los sonidos de una ciudad que lo callan. Caul no será tenido en cuenta ni respetado al verse envuelto en el caso, en un ambiente donde todos escuchan y son escuchados, no hay lugar para expresarse a excepción del film en sí mismo. El único que. a través de sus herramientas y el poderío de las mismas, manifiesta su propio lenguaje, también atrapante y aterrador… siempre y cuando haya alguien dispuesto a apreciarlo.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s