#845. Reservoir Dogs (Quentin Tarantino, 1992)

★★★★½ (9/10)

reservoir-dogs

El cine de Quentin Tarantino siempre se caracterizó por lo culturalmente referencial desde sus comienzos, como no podía ser de otra forma tratándose de un ex empleado de videoclub que consumió todo lo habido en el local. Con Reservoir Dogs, su primer largometraje estrenado, la trama no sería una referencia sino un traslado cuasi calcado del film hongkonés de 1987 Lung fu fong wan (City on Fire de Ringo Lam), o al menos parte de él.

Lo cierto es que Tarantino toma la historia de un grupo de ladrones que llevan a cabo un asalto que no sale como debía debido a que uno de los integrantes es un policía infiltrado pero, lo que en el film de Lam se centraba en los momentos finales (el grupo dentro de un garage tratando de descubrir la verdad), de la mano del cineasta americano se transforma en un completo film de cien minutos. No se presencia el robo, no se sabe nada de los coloridos personajes (algunos flashbacks vislumbran un poco el pasado de algunos de ellos de manera breve) y sin embargo interés, empatía y preocupación es lo que generan en su relación para con el espectador. La trama puede ser ajena, un pastiche del original pero, de igual forma que lo hacía De Palma con sus reinterpretaciones hitchcockianas, Tarantino construye a sus personajes con un estilo inherente.

El clásico mafioso o ladrón de bancos adquiere una personalidad antes desconocida o que nunca nadie se había encargado de mostrar en pantalla. De seguro posee un carácter violento y su principal interés es el preciado botín, pero también en su espíritu cotidiano (conducir un auto, salidas nocturnas o almorzar) demuestra su naturaleza. Malhablada, nerviosa, infantil, todo correspondiente a una naturaleza, violenta sí, pero humana. De esa forma y con una simple escena inicial, que poco y nada tiene que ver con la trama central, se logra establecer el carácter humano de los personajes y sin saber nada de ellos se les toma cariño en una invitación a formar parte de la banda. Mr Brown (Tarantino) hablando de Madonna, Nice Guy Eddie (Chris Penn) y su inquietud por una canción de los setenta, el hartazgo de Mr White (Harvey Keitel) para con su jefe (Lawrence Tierney) o la negación de Mr Pink (Steve Buscemi) en dejar propina, todos ellos poseen el tono justo de comicidad mundana, Con tan solo ocho minutos, el director establece el tono a manejar (que en todos sus años de filmografía nunca abandonaría) y se gana el aprecio del público, detalle no menor.

Se apropia una historia de unos ladrones para hacerla propia con su lenguaje, argumental y visual (sin dejo de pretención o lugar a la confusión construye tres líneas narrativas que consisten en un flashback dentro de un flashback que posee también un flashback falso… ¿Confuso? Cuestión de ver por sus propios ojos). Sus carismáticos criminales se jactan más de una vez de su profesionalidad a la hora de desenvolverse en su labor. La misma que una y otra vez se pondrá rápidamente en duda con berrinches de hombres (poco) adultos. La profesionalidad ausente en los actos de los personajes, estará presente a toda costa en la construcción del film. Prueba fehaciente de que solo hay un profesional y ese es Tarantino.

Por Nicolás Ponisio
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