★★★ (6/10)

En la década del sesenta, los Estados Unidos se vio rodeado por una disputa de orden social, el conflicto del racismo. Las voces de Martin Luther King y Malcolm X, entre otros, se alzarían entre las multitudes para hallar los derechos que las minorías merecían. De igual manera, una década más tarde, del otro lado del Atlántico alguien más se alzaría en pos de recapacitar por esos derechos. El director alemán Rainer Werner Fassbinder, a través de puño, letra y ojo, elabora una detallada reflexión sobre el racismo con encanto y sufrimiento.

Lo que podría resultar en una simple trama amorosa de telenovela, que apela al corazón de los más sensibles, encuentra el punto justo de la crítica social en la relación entre la sexagenaria Emmi y el joven marroquí Ali (Brigitte Mira y El Hedi ben Salem). Fassbinder rodea a la pareja de sus compatriotas alemanes utilizándolos como herramientas de disección de esa sociedad. Mientras que la felicidad embarga a los protagonistas que, dentro de su soledad y rechazo social encuentran la compañía que necesitan, su unión no hará más que acrecentar la mirada negativa de los demás. Comentarios xenófogos, amigas que rehúsan hablarse con alguien que se relaciona con un “terrorista” e hijos que denigran a la mujer y su nuevo esposo.

El director sabe desarrollar los aspectos discriminatorios sin forzar todo de lleno a la relación interracial. Antes que la misma sea de conocimiento público, ya se establece como son las personas en la vida de Emmi. Una hija que no la toma en serio, vecinas que solo se manejan con hipocresía y compañeras que dejan en claro su intolerancia para con el otro. Fassbinder expresa su conocimiento sobre estas actitudes pertenecientes a la cotidianidad. Incluso dentro de los actos amables que tendrán todos con ella, tiempo después de haberse casado (la aceptación, el interés por sus vacaciones o el perdón de un  hijo), solo relucirán como un cómodo interés y una ironía latente.

A diferencia de los activistas de los sesenta, el cineasta alemán sabe que no hay mucho para hacer al respecto en una sociedad donde tales actos pueden ser siempre moneda corriente. Se permite expresar realidad por medio de la ficción, sin buscar un ataque sino una reflexión con el encuentro de dos almas perdidas.

Por Nicolás Ponisio

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