#133. Rebecca (Alfred Hitchcock, 1940)

★★★★ (8/10)

1819

La cámara se abre paso, de manera fantasmal, a través de un camino sinuoso que desemboca en las ruinas de una antigua mansión llamada Manderley. Mansión antes habitada, lugar de célebres fiestas y punto de encuentro de la clase alta londinense. A excepción del rastro de destrucción dejada por el fuego, ya nada queda allí. Irónicamente la ausencia es el único elemento presente y será quien tenga el rol protagónico de Rebecca, el primer film de Hitchcock en tierras norteamericanas.

El film está conformado por un extenso flashback que tiene como fin narrar los extraños hechos que llevaron al derrumbe de Manderley. Si bien al comienzo pareciera estarse ante un melodrama romántico, a medida que los (des)encantadores protagonistas comienzan a pasearse por los pasillos de la mansión, la intriga se tornará densa detrás de un personaje siempre presente al igual que ausente: Rebecca, la fallecida mujer del acaudalado galán (Laurence Olivier). Un personaje que nunca está en pantalla y desarrolla un mejor encanto que el de la desdichada nueva esposa (Joan Fontaine). La malevolencia, la pasión y la belleza de Rebecca, sin siquiera materializarse frente a la pantalla, mantiene una presencia vencedora contra el carácter sumiso, meloso e inseguro del personaje de Fontaine, quien no tiene nombre dando lugar a otras de las ausencias del film y que remarca la posición inferior que ocupa en relación a la de Rebecca.

El odio que la dama del titulo genera en más de uno de los personajes se vuelve atracción para con el público en cuestión, que incluso puede verla en la forma de esa inmensa mansión (y a veces viva en el rostro austero de la fiel ama de llaves). Cada rincón guarda un detalle, un recuerdo de Rebecca que la vuelve visible ante la mirada del espectador, quien la puede reconstruir así como Hitchcock hace lo mismo con Manderley en los flashbacks. Cada nivel de la mansión, incluso la prohibida sala oeste, engrandece la figura de la dama muerta que gana protagonismo en lugar de la nueva esposa. Con una personalidad cambiante, incrementa el interés por el film y evoluciona al igual que éste logra hacer lo mismo con el género.

Partiendo de una trama romántica, pasando por el suspenso clásico y terminando con una intriga policial, el film se pasea con gracia y estilo en cada uno de ellos sin perjudicar a la totalidad del relato. Hitchcock se sirve de la mansión para volcar una crónica pesimista de la vida en matrimonio. El encanto del comienzo, la pérdida del amor, las traiciones y manipulaciones que terminan encarcelando al alma humana (una mirada similar se puede hallar en Gone Girl de David Fincher). Una vez contado todo ello y pareciendo que la pareja protagónica se encamina hacia un final feliz, el director ya no encuentra utilidad en las paredes de ese hogar. Rebecca ya no está allí y, por lo tanto, tampoco él. Decide volverse una ausencia más en una historia repleta de ellas. Hitchcock se marcha, no sin antes destruir la mansión. Aquella donde, al igual que el amor, parecía estar llena llena de esperanza y al perderla solo los escombros son todo lo que quedan.

Por Nicolás Ponisio

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s