#138. Pinocchio (Norman Ferguson, T. Hee, Wilfred Jackson, Jack Kinney , Hamilton Luske, Bill Roberts, Ben Sharpsteen, 1940)

★★★½ (7/10)

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Pinocho, el segundo largometraje totalmente de animación de Disney, reúne técnicas de animación que, setenta y cuatro años después de su estreno, continúa siendo un festín para el ojo humano. Los trazos y el manejo de dirección son los que bombean sangre, o tinta, al universo creado. Son los hilos de los titiriteros de la animación que no solo le otorgan vida a sus creaciones, sino también el carácter y los complejos que los vuelven reales.

El film de 1940 posee una fuerte carga naif muy acorde a sus tiempos (más que nada en su media hora inicial), pero a la vez, cuando lo requiere puede olvidarse de ella, o simplemente eliminarla, para encontrar el lado amargo de las cosas y la crueldad de la vida misma. Detrás del mensaje de ser bueno, honesto y desinteresado para ser un niño de verdad, se haya una radiografía del ser humano, de su accionar innato. Pocas veces la animación fue una vívida descripción de la realidad. Pinocho engaña, fuma, bebe y sobre todo, dejando a un lado la moralina final, lo disfruta. Sus arrepentimientos no se diferencian de los de quien se levanta al otro día con una gran resaca o se arrepiente de lo que dijo o hizo en un estado lamentable. Pinocho no necesita volverse un niño de verdad, desde su salida al mundo ya posee todas las características e inquietudes que cualquier persona puede tener.

Quienes quieren comportarse según las reglas de lo que está bien padecen los peores problemas (ser tragados por una ballena hasta podría ser una justicia divina bíblica). A diferencia de ellos, los “villanos” como el zorro Honest John, el titiritero Stromboli y el malvado cochero ladrón de niños son los que, detrás de sus acciones delictivas, quedan impunes y escapando del peso de la ley. Más allá de ser caricaturas bien podrían ser cualquier criminal perteneciente a nuestra realidad. Bailes y canciones entretendrán a los más pequeños mientras que las imágenes y acciones de mayor crudeza indignarán a padres moralistas y maravillarán a quienes entiendan su verdadero espíritu en un momento donde lo políticamente incorrecto no era habitual en la animación como hoy en día. Pinocho se convierte en los hilos visibles de una forma de hacer y contar el cine de animación. El paso del tiempo y el día a día, los encargados de que no se vean.

Por Nicolás Ponisio

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