#358. Tirez sur le pianiste / Shoot the Piano Player (François Truffaut, 1960)

★★★★ (8/10)

Tirez-sur-le-pianiste-de-Francois-Truffaut-en-1960-avec-Charles-Aznavour

El segundo largometraje de Truffaut nace del fanatismo que tuvo el cineasta francés en su juventud por el film noir norteamericano. Una persecución por callejones oscuros y el empedrado parisino, escasamente iluminado por las luces de un auto, establecen el misterio y el peligro como inicio de Tirez sur le pianiste. Sin embargo, el crimen, el suspenso, el hombre común que se involucra en un caso ajeno a él ocupan tan solo el mismo protagonismo que esos callejones sin salida observados por la Luna. Son una fachada, una apariencia hermosa que, como toda ciudad, detrás de sus paredes guarda pasados y secretos que revelan la verdadera identidad de quienes la habitan.

El elemento criminal, el peligro que acecha al apacible pianista (Charles Aznavour) no es más que una excusa, el famoso Macguffin (expresión acuñada por Hitchcock para definir el elemento de suspenso que solo tiene como fin hacer avanzar a los personajes en la trama). Truffaut toma el amado género negro y tira por los aires sus estereotipos para dotarlos de nuevas características. Los gángsters no son tan intimidantes como lo parecen, son torpes e incluso graciosos (a lo largo del film el director se permite breves momentos de ironía, uno de los cuales involucra a estos dos personajes), el protagonista, lejos de ser un antihéroe valeroso sin temor a nada, es una persona tímida e introvertida. Las mujeres aquí son fuertes, las que arriesgan la vida e incluso solucionan los problemas.

Se puede decir que en el film noir muchas veces las mujeres ocupan un rol protagónico de suma importancia, la diferencia es que aquí no son frías, calculadoras y malévolas como se las solía presentar. Aquí son encantadoras con sus actos y decisiones. Enamoran bañadas bajo una fotografía monocromática a la vez que sus palabras (diálogos que se alejan de la índole pretenciosa a la que suele acudir el cine europeo) revelan el verdadero carácter del film. Las anécdotas (algunas mediante la utilizacón de flashbacks), sinceridades y pareceres que se dicen son las máximas de esos personajes, filósofos y poetas del siglo XX. El mal y la salvación de ellos son representados por un mismo sentimiento: el amor. Truffaut, a través de ellos, logra hablar en serio, logra burlarse y logra desnudar un alma sensible. ¿Qué mejor forma de hacerlo que a través del arte? Sentimientos que, como los del pianista, continúan viviendo. Ya sean capturados en una imagen o en una melodía. Tócala de nuevo, Charles.

Por Nicolás Ponisio
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