#362. Hanyo / The Housemaid (Kim Ki-young, 1960)

★★★★ (8/10)

the-housemaid-1960

“Muy distinto es, en cambio, si el poeta aparenta situarse en el terreno de la realidad común. Adopta entonces todas las condiciones que en la vida real rigen la aparición de lo siniestro, y cuanto en las vivencias tenga este carácter también lo tendrá en la ficción. Pero en este caso el poeta puede exaltar y multiplicar lo siniestro mucho más allá de lo que es posible en la vida real, haciendo suceder lo que jamás o raramente acaecería en la realidad. En cierta manera, nos libra entonces a nuestra superstición, que habíamos creído superada; nos engaña al prometernos la realidad vulgar, para salirse luego de ella.”

Esas palabras pertenecen a Freud en su trabajo publicado en 1919 y titulado Lo siniestro, donde analiza el relato corto The Sandman de E.T.A. Hoffman. Cuatro décadas después, el párrafo citado encuentra un nuevo compañero de relación con The Housemaid, melodrama surcoreano donde la maldad y la locura tienen cara de mujer.

Con un comienzo que sufre tropiezos, tres cambios de mujer protagónica que a la vez sirven para aumentar los niveles de insanidad, el film paulatinamente sufre una transformación morbosa y atrapante que no se detiene hasta el final (el cual desconcierta con un poco de humor y una moraleja al mejor estilo de He-Man y los amos del universo). La historia se nutre de la violencia psicológica que atosiga al espectador como si estuviera ante un film gore sin la necesidad de recaer en la violencia externa. El horror está presente dentro del recuadro de la cámara y dentro de la mente de los atormentados personajes. Un sinfin de actos tortuosos que abarcan desde la confesión de una infidelidad hasta el envenenamiento.

Casi toda la acción del film transcurre en el hogar de una familia laboriosa a la espera de un tercer hijo. Cuando los problemas no tarden en aparecer las paredes de la casa parecen cernirse sobre los personajes y el espectador incrementando, desde una puesta en escena muy teatral, la atmósfera claustrofóbica que los hunde cada vez más en la desesperación.

Dentro de lo que parece una obsesión amorosa, el director esconde otro tipo de anhelo que alberga en el alma de la criada (Eun-Shim Lee) devenida en amante del hombre de la casa. Lo que busca se presenta en la forma de esa misma casa que los agobia y en el piano de la sala, sustento del hombre y elemento burgués por igual. La criada, mujer de escasos recursos, más que el amor busca pertenecer a esa clase cercana a la burguesía, el marido músico (Jin Kyu Kim) y la casa de dos pisos. Aunque vivir en ella conlleve asfixiarse y destruir más de una vida. Atraído por ese encanto morboso, el público se acerca a esa ventana que es la pantalla y echa un vistazo a riesgo de ser descubierto y quedar atrapado por siempre en esa casa donde habita lo siniestro.

Por Nicolás Ponisio
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