★★★ (6/10)

Como muchos de sus contemporáneos, André Téchiné se formó a temprana edad consumiendo gran cantidad de cine. Observándolo y estudiándolo. Esa mirada intelectual sería la misma que aplicaría en sus trabajos para la revista francesa Cahiers du Cinéma, la cual daría a luz a realizadores como François Truffaut, Jean-Luc Godard y Claude Chabrol, entre otros. Techiné se sumaría a sus filas haciendo el traspaso del papel a la realización conformando, a finales de la década del cincuenta, ese nuevo cine europeo denominado Nouvelle Vague. Dicho grupo apelaba a la liberación de las estructuras impuestas, tanto desde el lado expresivo como técnico y manejando, muchas veces de manera ambigua, una mirada tanto sensible como fría.

El estilo de la Nouvelle Vague puede resultar reiteradas veces pretencioso pero acompañado de un estilo visual que deslumbra en su precisión técnica. Lamentablemente, Les Roseaux Sauvages solo contará mayoritariamente con la presencia del primero de esos factores. Techiné opta por contar la historia de cuatro adolescentes franceses (tres chicos y una chica), rodeados por los característicos temores de esa etapa de crecimiento, compartiendo amores, enojos y dudas mientras la guerra de independencia de Argelia afecta sus vidas a medida que llega a su fin.

El error de Téchiné es retratar una etapa de vida compleja y llena de sentimientos pasionales con la misma frialdad intelectual con la que se leería un manual de estudio. La calidez de ciertas imágenes parecieran no encajar con los cuasi fantasmales protagonistas que, con un discurso frío y desganado, no logran acercarnos del todo a ellos. El francés es el idioma del amor y la pasión, sus características en el film solo llegan a vislumbrarse hacia el final, cuando ya es demasiado tarde para empatizar con las historias de estos jóvenes. Tal vez, después de todo, Téchiné no posee una buena dicción.

Por Nicolás Ponisio

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