#687. Diner (Barry Levinson, 1982)

★★★ (6/10)

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Barry Levinson nos sitúa en un característico pueblo norteamericano en 1959. Nos invita a nosotros, el público, a viajar junto a un grupo de seis amigos que no solo vislumbran el final de una era sino también el de sus años de juventud y, quizás también, de amistad. La ópera prima de Levinson (antes solo había cumplido el rol de guionista) recorre mayormente las noches sobre la furia de autos clásicos que se pasean entre mujeres, fiestas y el lugar de encuentros, charlas y bromas que es el diner (restaurante) que da nombre al film.

Nueve años antes, George Lucas sorprendía con American Graffiti (1973), film independiente que funcionaba como un retrato nostálgico de aquella época dorada (comienzos de los sesenta) y a la vez como exponente de las incertidumbres existenciales de sus jóvenes protagonistas y su paso a la madurez. Una problemática que puede situarse en cualquier espacio temporal. A diferencia del film de Lucas, Diner solo logra su reflejo de la época mediante la ambientación y su banda sonora compuesta por clásicos de Jerry Lee Lewis, Bobby Darin, Chuck Berry, Elvis, entre otros. Sin embargo, a la hora de lograr una profundidad en cuanto a los personajes y sus conflictos planteados, pareciera solo haber un ruido de superficie como el que llena un ambiente donde acaba de terminar un disco, el cual aún continúa girando.

Las problemáticas que sufren parecen ser tratadas sin la seriedad debida, como si solo se tratase de un niño quejándose sin justificación y por consiguiente, tornando aburrida a la historia. Esto ocurre en casos como el de Eddie (Steve Guttenberg) quien está por casarse. Obviamente tendrá sus dudas ante el futuro compromiso, pero optará por someter a su novia a una serie de preguntas de fútbol, si ella las contesta mal la boda será cancelada; o Shrevie (Daniel Stern) quien no se lleva bien con su vida de casados y, luego de discutir con su esposa por su colección de discos (una de las mejores escenas del film), el tratamiento que se la da al conflicto es que se solucione por cuenta propia. El único personaje que logra tener un trabajo más preciso, tanto desde el guión como actoralmente, es Boogie (un Mickey Rourke en estado de gloria y pre cirugía facial por ese entonces). Sus problemas con el juego, sus relaciones con las mujeres y la forma de tratar su vida adulta, logran darle a Diner sus mejores momentos de lucidez antes de seguir girando un auto sin destino alguno pero, eso sí, acompañado de la mejor música.

Por Nicolás Ponisio

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