★★½ (5/10)

Bergman, una vez más, se adentra a los confines de la psique humana. Ahondando en la profundidad de la mente y los demonios personales, el director sueco vuelve a presentar una enmarañada trama. Ésta se carga de un clima denso, como la niebla que parece atrapar a Johan (Max von Sydow), que insta a alejarse cuanto antes, no del terror del relato, sino del material audiovisual en sí.

Sus férreos seguidores y aquellos que poseen la paciencia suficiente serán los que se mantengan frente al arte del cineasta. Si bien se vuelve dificultoso el trayecto para seguir la vida de un pintor y su mujer (Liv Ullmann) en una cabaña, y los fantasmas que se hacen presentes (la paranoia del artista), el disfrute se puede hallar en pequeños grandes momentos. La característica fotografía monocromática, el muy bien logrado ambiente de pesadilla que luego aplicaría David Lynch en sus films (con un mejor uso de la narrativa y una relación más afianzada con el espectador), la ironía para con la burguesía, su aprecio de las obras y el artista que debe ceder ante ella. Si bien todo el film mantiene una frialdad somnolienta, que en gran medida impide el acercamiento entre espectador y obra, es en esos momentos donde la crítica y la figura del director (mejor) relucen dejando un poco de lado su intelectualidad pretenciosa… más no del todo. Perdonando el cliché: lo bueno dura poco.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *