#642. Die Ehe der Maria Braun / The Marriage of Maria Braun (Rainer Werner Fassbinder, 1979)

★★★½ (7/10)

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Una fotografía de Hitler ocupa por completo el primer plano del film por unos escasos segundos. Rápidamente será tirada abajo junto a un sin fin de ladrillos que permitirán al espectador espiar el interior de un registro civil, donde Maria (Hanna Schygulla) contrae matrimonio con Herrman (Klaus Löwitsch), un soldado alemán que deberá partir a la guerra pocas horas después de haberse casado entre escombros y explosiones. Al igual que en ese comienzo, la cámara de Fassbinder se adentrará en la vida de Maria. Lo hará por medio de huecos, de edificios caídos y suntuosos salones para mostrar la evolución del personaje desde la búsqueda de su esposo, pasando por la crisis de postguerra, hasta llegar al éxito financiero y el crecimiento personal. Maria avanza sobre las ruinas de una nación, viviendo sus miserias, ambiciones y finalmente su paulatina recuperación. El director viste a Alemania con largos vestidos y zapatos con tacos. El film, Maria y Alemania se vuelven uno solo en si mismo funcionando como alegoría de una nación caída, su crisis y su posterior crecimiento económico.

La primera hora goza de una excelencia técnica y narrativa. Los vaivenes y vueltas de tuerca que sufre la protagonista (busca a su marido, ayuda a su familia, se prostituye, se relaciona con un soldado americano, comete un asesinato) son acompañados por una correcta puesta de cámara que con su sencillez parece bailar constantemente entre los escenarios y los personajes. Varía entre diferentes planos, se acerca y se aleja de quienes se encuentren en pantalla y simplifica diversas acciones en un mismo plano sin cortes.

Como si la alegoría de Alemania se trasladara también a la experiencia del espectador, pasada la primera hora, la historia se estanca sufriendo su propia crisis. Maria, quien ahora trabaja en una fábrica textil, se vuelve poderosa. Es fría, calculadora y ambiciosa en un film que, en dicha instancia, solo comparte la primera de esas características. Por suerte, la maestría del manejo de la cámara y la composición de los planos, que en ciertos momentos rozan lo pictórico, no abandonan a la obra de Fassbinder. La continúan enriqueciendo aún cuando pareciera estar por caer otro ataque bélico sobre ella.

Por Nicolás Ponisio

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