#646. Alien (Ridley Scott, 1979)

★★★★★ (10/10)

jonesy

Hablar de Alien significa hablar de crecimiento, de transformación, de una evolución que comenzó a madurar a partir del estreno de 2001: Odisea del espacio. El serio tratamiento estético y narrativo que tenía la historia del astronauta Dave, Hal 9000 y cía. sin lugar a dudas sentaron las bases evolutivas de un género antes no tomado tan en serio. El film de 1968 no solo hizo historia por cuenta propia sino que abrió las puertas para que otros hicieran lo mismo, como es el caso de Star Wars (1977) y Alien, el film que concierne a esta nota.

Si bien 2001 rescataba a la ciencia ficción también pecaba por momentos de poseer una pretención que, en ciertos aspectos, podía terminar agotando al espectador. Si se puede decir que el que esté libre de pecados tire la primera piedra, entonces Ridley Scott con Alien puede tirar un aluvión de ellas. Se supo aprovechar el momento justo de renovada vitalidad del género para convertir al film en un producto netamente comercial, a la vez que se dejaba a la vista las marcas de una obra de autor. Allí, la ciencia ficción recibiría a otro compañero de género. El terror, también tantas veces bastardeado por el público y la crítica, encontraría su esplendor dentro de los pasillos de la nave espacial Nostromo, tratado con respeto y devoción. ¿Es Alien un mero entretenimiento comercial? De seguro que sí, pero es tal la dedicación artística puesta en él, que logra resaltar en cada aspecto, sea éste visible o no. Historia, actuación, decorados y efectos especiales tratados por igual.

Sí, de seguro quien lee aguarda el momento de abordar el tema criatura espacial. Pues deberá esperar un poco más, ya que no se puede hablar del xenomorfo sin mencionar antes la construcción de uno de los escenarios más importantes y por consiguiente hablar del genio artístico de H.R. Giger. La habitación del Space Jokey (el misterioso y gigante esqueleto que hayan los exploradores espaciales) asombra no tanto por lo extraño de ese cadáver humanoide sino por la dimensión del lugar y la composición de su arte. Una cámara con paredes esqueléticas que, sumado al suspenso y al tono oscuro de la misma, parece hacer respirar esos singulares recovecos. Una pulsión que da la sensación de encontrarse dentro de una estructura orgánica. El trabajo de Giger siempre se destacó por dotar a sus creaciones de aspectos vivos, terroríficos y sexuales. Aspectos que lo envuelven todo en un clima atrapante, que desorbita la mirada y la asusta a la vez. Desde el encuentro de Kane (John Hurt) con el huevo y su parásito interior (otro escenario con tono oscuro ambientado por el tono azul de la luz láser que el mismo Scott pidió prestada a los miembros de The Who que preparaban la puesta en escena de su show en un estudio contiguo al set de filmación), pasando por la larva fálica que atraviesa su pecho y finalmente la aterradora forma final del ser alienígena. Una evolución por etapas que funciona como metáfora de la transformación que vivía el propio género.

La criatura termina por poseer la apariencia entre un droide y un reptil. Al menos cuanto se puede ver de él. Porque allí reside otra de las destacadas resoluciones a la hora de seguir apostando por un ambiente atemorizante y por sobre todo exitoso. Si bien siempre se sintió temor por lo desconocido, en este caso será también hacia aquello que no se puede ver. El extraterrestre aparecerá pocas veces en pantalla, logrando que sea aún más intensa la odisea de los protagonistas y más efectivo el susto cuando la criatura aparezca. Scott y su equipo entienden que es preferible un monstruo que se vea escasamente y cause terror a uno que se lo vea constantemente, haciendo visible lo artificial del mismo. Es así que, al enfrentarse Brett (Harry Dean Stanton) al ser espacial, se ve poco o nada de lo que sucede. La cámara se centra en la mirada temerosa de Jonesy, el gato de la tripulación. El grito y el entorno sucio y oscuro basta para mantener al público en vilo. Los ojos expectantes quedan desorbitados como al estar frente al decorado y los diseños de Giger. Es en ese momento aterrador que todo el público pasa a ser Jonesy y lo será por el resto del film.

Por Nicolás Ponisio

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