★★★★ (8/10)

La mejor manera para evidenciar el silencio de Dios es mostrar como un creyente comienza a dudar de su propia fe en Dios. Eso es justamente lo que le ocurre a Tomas, un pastor que atraviesa una crisis existencial, incapaz de ayudar a los demás ni a sí mismo. A lo largo de la película, Tomas no puede ni sabe cómo consolar a sus fieles. Cuando Jonas, un pescador del pueblo, lo visita deprimido luego de la misa, Tomas no sabe qué decirle. Jonas se suicida y Tomas es quien luego ayuda a la policía a trasladar su cuerpo sin vida. Luego visita a la esposa para ofrecerle sus condolencias, pero se mantiene entre ellos una distancia evidente: si bien el suicidio de Jonas no es causa directa de las palabras de Tomas, en su interior, él sabe que podría haber hecho algo para ayudarlo. Finalmente, Tomas desquita su frustración con su pareja. Pero también está claro que lo que ha fallado es haber pensado que la respuesta iba a obtenerla en la religión. El pueblo en el cual transcurre la película está atravesado por el mundo medieval y por el mundo moderno, conviviendo en disonancia. Las ideas de salvación y redención de la Biblia están más cerca de la fantasía que de la realidad concreta. Por eso al final, nadie asiste a la misa.

Por Hernán Touzón

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