★★★★½ (9/10)

Si uno quiere hacerse una imagen de la forma en la cual vivían los adolescentes norteamericanos a comienzos de los años 60, American Graffiti es una buena oportunidad. Todo gira alrededor de un drive-in (restaurante en el cual uno puede ser atendido dentro de su auto) y la situación de varios adolescentes y adultos, la mayoría en tiempos de cambio y luchas internas. Esa situación se refleja directamente en la puesta en escena, debido a que la mayoría de las escenas transcurren, o en autos en movimiento, o en lugares de paso. La incertidumbre existencial de los personajes va al ritmo de los motores de los autos: ¿hacia adónde se dirigen los personajes? ¿De qué están escapando? Este tipo de preguntas quedarán probablemente sin responder, aunque de manera superficial tendrán algún tipo de resolución. Lo que plantea la película es la imposibilidad de detener el tiempo (la radio en vivo en varias escenas refuerza la persistencia del presente, tiempo actual pero fugaz). Es cierto que resulta atractivo sentir que en la juventud uno tiene toda su vida por delante, pero también hay que considerar que hay momentos en los cuales el tiempo nos obliga a tomar determinadas decisiones. En American Graffiti, algunos personajes están preparados para esos cambios, otros no, y algunos ya parecen haber perdido su oportunidad. Pero todos siguen dando vueltas en sus autos, corriendo carreras, buscando el amor de su vida o simplemente esperando que “esa noche” se termine y de lugar al futuro incierto de las responsabilidades y madurez.

Por Hernán Touzón

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#561. American Graffiti (George Lucas, 1973)

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