#815. Jacob’s Ladder (Adrian Lyne, 1990)

★★ (4/10)

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Panorámicas y grandes planos generales recorren la geografía vietnamita surcada por helicópteros del ejército americano bañados en un tinte amarillento. La introducción bien podría tratarse del inicio de Apocalypse Now (Francis Ford Coppola, 1979) pero no es el caso. Sin embargo, el film de Adrian Lyne tiene otro punto en común con el de Coppola y es que narra el oscuro descenso a los infiernos. Mientras que Coppola se centraba en el realismo de la barbarie humana, Lynne se atreve a ingresar a los rincones más turbios de la psiquis de su protagonista (Jacob interpretado por Tim Robbins). La estética del relato se construye en base a un lenguaje por momentos onírico, totalmente misterioso y oscuro, logrando transmitir a la perfección el estado alucinatorio (o no) de Jacob. Flashes de luces, imágenes distorsionadas o criaturas que parecen salidas directo de una pintura de Francis Bacon o creadas por la mano de H.R. Giger (el hombre detrás de Alien) son algunos de los elementos que despiertan la curiosidad en el film y le brindan el encanto pesadillesco que contiene.

Desafortunadamente, como si se tratara de alguien que nos agrada en principio pero que al continuar conociendo comienza a perder encanto, el film recae en un giro sin fin en busca de sentido, cuando tan solo podría brindar las herramientas adecuadas para que el entendimiento del espectador las tome. Diálogos forzados y escenas de larga duración que son totalmente explicativas le restan encanto y ritmo al thriller psicológico. La trama contiene dos lecturas interpretativas, una totalmente científica que sirve como crítica al sistema del ejército americano el cual en el film realiza pruebas de drogas alucinógenas con sus propias tropas. La segunda se orienta más hacia la visión bíblica/espiritual a la que hace alusión el título de la película, poniendo al personaje en medio del camino de ángeles y demonios que lo acompañarán hacia un nuevo viaje (representado en varias ocasiones por el hijo fallecido del personaje que es interpretado por Macauley Culkin lo cual, conociendo su posterior vida adquiere otro significado la relación ángel/demonio). Ambas interpretaciones sufren de la sobre explicación, enfermedad padecida también por Christopher Nolan, totalmente innecesaria para con el relato y que encuentra su inclusión únicamente en función de un punto de giro que lo vuelve igualmente innecesario el haberlo visto.

Por Nicolás Ponisio

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