#664. The Elephant Man (David Lynch, 1980)

★★★★½ (9/10)

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El segundo largometraje de David Lynch posee como construcción una historia sumamente lineal y convencional a diferencia de su manejo en Eraserhead (1977) o a sus obras posteriores que terminarían de formar el inconfundible estilo narrativo y visual del cineasta. No por eso significa que escapa de hacer uso de elementos surrealistas en la forma del relato. Y si debemos hablar de la forma, The Elephant Man es el ejemplo perfecto. Lynch pone en conjunto diversos elementos como las debilidades del personaje, la ambigüedad y la manera de entablar diálogo con el espectador a través de la mirada subjetiva que terminan por relacionarse en comunión de modo manierista. Esto quedará resaltado con la utilización de los sueños, por momentos confusos, que irán desarrollando el perfil angustioso del protagonista y que no por pertenecer a acontecimientos irreales aleja al espectador. Todo lo contrario. La fascinación por lo irreal lo atrapa y le permite continuar en la historia debido a la sensibilidad que esas imágenes despiertan en él.
En cuanto a la mirada subjetiva, la cámara trabaja como extensión del escrito cinematográfico en la primera instancia del film poniendo mayor énfasis en las reacciones de los personajes que rodean a John Merrick (John Hurt), el hombre elefante del título, que en el protagonista en sí, al cual apenas vemos claramente en los treinta minutos iniciales. Oculto en las sombras, con una bolsa en su cabeza o detrás de telones que recortan su figura, Merrick permanece casi fuera de campo y a la vez, está presente en cada plano a través de mirada y reacción. La primera vez que el doctor Treves (Anthony Hopkins) llega a verlo nosotros, el público, también lo hacemos a raíz de construirlo a través de la mirada sensible del médico o por medio del terror causado a la enfermera que entra a su cuarto con temor. La respuesta a la observación que despierta algo a todo el que ve al pobre hombre deformado es el despertar de sensaciones así como lo hace cualquier valor apreciativo cuando se está frente a una obra de arte, sea esta buena o mala. El valor de juicio entra en juego, si no es que siempre lo estuvo, con la sensibilidad. Lynch opta por revelarlo de esa forma logrando entablar, debajo de la superficie del relato principal, un diálogo con y acerca del cine. Y es que después de todo el film habla principalmente de eso, nuevamente en su forma. ¿No es acaso la evolución del personaje una suerte de estudio del inicio y crecimiento del cine? Merrick quien al igual que el séptimo arte comienza como fenómeno de feria, como atracción popular que paulatinamente llegará a ser ell disfrute de la clase alta e incluso de la realeza, para terminar siendo exhibido ante centenares de personas de pie observándolo en una institución (teatro/museo). El cine hecho carne y hueso y las ambiciones, todas ellas por interés (incluyendo a Treves), reveladas ante la cámara. Herramienta del engaño y la verdad por igual.
Por Nicolás Ponisio

 

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