#660. Atlantic City (Louis Malle, 1980)

★★★★ (8/10)

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Sally (Susan Sarandon) enciende un grabador y comienza a frotarse sensualmente rodajas de limón por sus brazos, su cuello y pechos acompañada por la melodía de Norma de Bellini. Impregnada por el aroma a limón, difícil desprenderse de él, es observada desde la ventana por Lou (Burt Lancaster). En el caso del hombre mayor, del público masculino en general y por qué no también parte del público femenino, será esa la imagen prácticamente imposible de desprenderse de sus mentes. Con tintes eróticos que encandilan la mirada, el film de Louis Malle deja tempranamente establecidos los diversos espíritus que embriagan cada plano. Juventud, vejez y el éxtasis como elemento unificador. Los personajes, principalmente ellos dos pero también muchos de los secundarios, son ejemplos del fracaso para sus respectivas generaciones. No tienen otra constante en sus vidas que la frustración. En ella, a través de una vida que nunca parece comenzar ni poder alcanzar el éxito amoroso o laboralmente. En él, por medio de una vida que vio mejores tiempos y que ahora tan solo se limita a rememorarlos (el personaje se codeaba con famosos gángsters como Al Capone, Nucky Thompson y Lucky Luciano). Rodeado por el anhelo de ambos y el hundimiento en el mundo del crimen, el film los une para quedar ligados el uno al otro y poder explorar la psicología, el pesar y sus motivaciones gracias a los diálogos y los pequeños detalles que lo conforman. Pero la obra de Malle no se consagra únicamente por dichos elementos que contiene sino por la ausencia de otro, siempre utilizado y pocas veces dejado de lado. El sonido, la musicalización solo participa brevemente y de manera diegética, siendo parte de la realidad de la historia en shows de casinos, una radio o un tararear. A la hora de crear un momento de tensión y peligro los únicos sonidos que acompañan a las imágenes serán los pasos, golpes y respiración de los personajes. El uso del sonido, muchas veces utilizado para reforzar una idea o ambientar el momento provocando una reacción en el público, acá es totalmente prescindible cuando tranquilamente podría haberlo incluido en su forma tan clásica de filmar. Sin embargo, debido a la construcción de sus personajes, la manera en que se desempeñan y la cercanía que logra con ellos en base a la construcción del guión, permite que la música no sea echada de menos. Al recurrir a ese método de construcción genera un realismo único, ya logrado en parte por la forma de sus personajes, pero que dándole más lugar a los sonidos urbanos, al tono gris de la ciudad y de quienes la habitan terminan convirtiéndolo en una totalidad. La cual será difícil de desprenderse del público al igual que esa embriagante escena inicial.

Por Nicolás Ponisio

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