★ (2/10)

The Harder They Come, film de 1972 que en el libro se encuentra mal catalogado en el año 1973 (fecha en la que fue lanzado al mercado estadounidense), se puede asociar principalmente a dos nombres. El primero, totalmente desconocido para la mayoría de los mortales, se trata de Perry Henzell, director de cine con tan solo dos películas en su haber. El segundo es Jimmy Cliff, reconocido músico jamaiquino. Ambos sujetos serán relacionados de por vida a Jamaica y, claramente van de la mano, al reggae. Si el film puede hallar elementos a destacar y que justifiquen reconocimiento alguno esto se debe a que la obra de Henzell no solo tiene su lugar al ser el primer largometraje jamaiquino sino también a que gracias al mismo y su banda sonora logró introducir al reggae en Estados Unidos y por lo tanto al resto del mundo. Los méritos musicales y el alcance masivo del género, ya no solo un mero acompañamiento a la hora de fumar marihuana, son indiscutibles pero, observado por lo que es, como obra cinematográfica los méritos son nulos.

La historia narra las vivencias de Ivanhoe (Cliff), joven con pocos recursos que intenta tener éxito en el mundo de la música pero en el camino devendrá en traficante de marihuana y fugitivo de la ley. Esta suerte de Zé Pequeño jamaiquino carece de una exploración de sus conflictos (internos o externos) con lo cual el drama del film y todo su desarrollo narrativo termina limitándose a una descripción visual del territorio cual documental turístico, la pobreza de quienes lo habitan y un extensivo uso de la banda sonora que reitera infinidad de veces los temas, algo similar a lo que hacía Mike Nichols con la música de Simon y Garfunkel en El graduado (The Graduate, 1967). A diferencia del film protagonizado por Dustin Hoffman, este no posee una rígida estructura de guión ni las actuaciones justas sobre las cuales sostenerse. Solo mantiene al espectador soportando su visionado y deseando poder escapar de él en un autobús como lo hacían los personajes de Hoffman y Katharine Ross al compás del sonido del silencio.

Por Nicolás Ponisio

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