★★★ (6/10)

Con El pájaro de las plumas de cristal (L’uccello dalle Piume di Cristallo) Dario Argento toma las riendas del giallo, subgénero del cine de terror explotado hasta entonces por Mario Bava, y en cierta forma se lo apropia para convertirse en su marca registrada. Si bien es su primer largometraje, ya contiene elementos y clase de estilos que mantendrá en su constante fílmica (clásicos zooms y planos detalles sobre todo de ojos que observan el horror y bocas abiertas que expresan a los gritos el terror vivido). Otro elemento, convertido más tarde en cliché de su obra, es el punto de giro final a la hora de revelar el misterio del relato, la identidad del maniático homicida (el cine slasher está en deuda con Argento) y en el caso de este film podría decirse que es su único punto fuerte, al menos narrativamente. El film es dominado por un espíritu muy joven o inexperto aún para lograr la belleza estética con la cual dotaría a obras como Suspiria o Profondo Rosso y un relato bien desarrollado pero que no goza de una total vitalidad hasta cerca de su conclusión. Ofrece momentos que gracias al fetichismo artístico y sensual de Argento (los cuales se volverían sinónimos del giallo) logra mantener el interés en un relato que analizado en su totalidad quizás no lo merezca tanto. También es difícil no encontrar detalles que sirvieron de inspiración a un grande del suspenso y lo macabro como Brian De Palma, sobre todo con Dressed to Kill (1980) y que devengan en comparación.

La unión hace la fuerza puede ser un completo cliché pero en el caso de este film también se vuelve una realidad y es aquí donde un complemento esencial puede hacer que el castillo de naipes construido por Argento no se derrumbe estrepitosamente. La banda sonora compuesta por Ennio Morricone es la fortaleza que el film no llega a tener desde el guión. Son los hombros que sostienen a Argento y lo elevan a un nivel mucho más superior del que en ese momento podría alcanzar. La música es acompañamiento, es construcción, es un personaje. Engloba al film desde los coros y gemidos femeninos que contiene. Tratándose de mujeres sensuales víctimas de asesinato, ese agregado a la música , siempre en el momento indicado, se convierte en un aviso y una exteriorización del sufrir de los personajes femeninos. Pero los mismos sonidos sin sufrir variación alguna, repitiéndolos, conforme avanza la historia cobrará un nuevo significado como si se tratara de un meta mensaje. Para entonces, la banda sonora funciona también como otra de las tantas pistas de la investigación policial y al igual que al comienzo del film, donde se atestigua una escena que posee una clave a plena vista para resolver el misterio, también se mantendrá constantemente frente al espectador. Pasará de asociarse a las mujeres como víctimas para simbolizar a las mismas con el deseo, la locura y la muerte. Ante el espectador la claridad llega tarde al igual que el total disfrute pero por suerte para él, y para Argento, el don de Morricone se haya siempre presente y por consiguiente el goce del mismo.

Por Nicolás Ponisio

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