#389. The Manchurian Candidate (John Frankenheimer, 1962)

★★★★½ (9/10)

The Manchurian Candidate 9

Al igual que sucede en “The Best Years Of Our Lives“(1946), en The Manchurian Candidate las capas de pasado se vuelven hacia el presente (y viceversa). Los sueños traumáticos de la guerra se entremezclan y confunden con hechos reales de la guerra de Corea, que tienen su corolario en asesinatos varios a cargo de espías, autómatas, asesinos a sueldo, ya en territorio estadounidense.

Al período en el cual se enfrentaron las 2 potencias de occidente y oriente se le llamó Guerra Fría por el tipo de cosas  que se muestran en pantalla. Detrás de una fachada de seguridad y control, se esconde una trama muy compleja de espionaje, en la cual importa más el fin que el medio para llevar a cabo determinada acción. En ese terreno, la película habla sobre la manipulación psicológica a la que el ser humano puede ser sometido con fines políticos (desde ambos bandos: soviético y estadounidense), y la posibilidad del mismo de superar tal manipulación.

De todas maneras, a no esperar un final feliz. Lo que nos intenta decir esta película es que una vez que el daño está hecho es muy difícil volver atrás. Raymond Shaw es condecorado al volver de la guerra de Corea. Sin embargo, tiempo atrás su cerebro fue “programado” para ser utilizado por agentes soviéticos cuando lo necesitaran. La huella del pasado persiste en el personaje de Shaw, y, cual juguete de un niño, podrá ser activado para ejecutar determinada misión. Bennett Marco (Frank Sinatra), por otra parte, es el encargado de “re-programar” la mente de Shaw para evitar que los soviéticos logren su cometido. Pero lo interesante no es tanto esa lucha entre ambos personajes sino más bien que todo lo que Marco va descubriendo se va armando como un rompecabezas en su propia mente, a través de sueños, recuerdos e imágenes simbólicas. Estos elementos lo van guiando lentamente hacia su propia conclusión.

Thriller psicológico pero también político, que satiriza sobre la caza de brujas en la época del Macarthismo, ironizando sobre los argumentos y acusaciones sobre posibles espías soviéticos y el peligro que significaba para la derecha tener comunistas en el gobierno norteamericano, con una visión casi surrealista. Aquí se incluyen también las relaciones familiares con intereses políticos, y ya promediando la mitad de la película está claro que nada es lo que parece a simple vista (elemento nada despreciable para un film hollywoodense).

Por Hernán Touzón

 

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