#1077. Avatar (James Cameron, 2009)

★★ (4/10)

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Imaginemos la situación: entramos a un bar y, después de un breve recorrido, nos acercamos a la barra a pedir un trago. Luego de unos instantes, nos damos cuenta de que ahí nomás, a poca distancia, tenemos a una persona atractiva, muy hermosa, que nos regala una sonrisa cómplice. Enseguida le devolvemos la sonrisa; cuando nos damos cuenta, estamos conversando con ella. Pero a medida que pasa el tiempo, la belleza que nos atrajo hacia esa determinada persona se empieza a difuminar porque la conversación se torna predecible, poco interesante. Por más linda que sea, no consigue retener nuestra atención, nos aburre,  empezamos a encontrarle defectos. Algo parecido pasa con Avatar. Desde el vamos, el 3D todavía resulta una novedad y un plus para el cine de hoy en día, sobre todo en términos comerciales. A tal punto que muchos venden películas con la promesa de que tiene “7 minutos adicionales en 3d”, o cosas así. Y parece que funciona, porque cada vez más cines y complejos cuentan con salas digitales. Avatar pertenece a ese grupo de películas, y cuando se estrenó  fue un furor; el que no iba a verla era un loser que no tenía idea de la vida. Los pósters eran prometedores, la historia era llamativa, el director era reconocido por grandes películas, ¿qué podía salir mal?… Hay que admitir que a nivel visual la película es un viaje, Cameron introduce al espectador en un mundo mágico, éste se deja llevar por los colores, por las formas y el espacio. Pero la pregunta que surge es si esto es suficiente para hacer de Avatar una buena película. La respuesta es evidente: no, no lo es. Por más colores, formas, y mundo mágico que aparezca en la pantalla, cuando el guión es flojo y las ideas escasean no hay demasiado que hacer. Cameron sitúa su historia y universo en un futuro lejano, pero sus personajes parecen salidos del cine clásico de los años 30; no hay ambigüedad, o son lo más bueno y puro, llenos de sentimientos positivos y ganas de salvar al mundo, o son villanos ruines dispuestos a matar a su propia madre para salirse con la suya. Y en una historia como la que se plantea, ambas personalidades tienen un denominador común: aburren. Desde que aparece en escena el Toruk, esa especie de Ikran gigante (así se llaman los dragoncitos en los que vuelan los Na’vi), se sabe que Jake va a ser su jinete, que va a ser el nuevo líder de Pandora, no hay sorpresas, no hay imprevistos. Y si en el camino deben morir personajes que son un estorbo para que Sully se haga con la corona, que así sea; si tiene o no tiene sentido, es lo de menos. Además es demasiado reiterativa, sobreexplica todo una y otra vez. Se criticó lo mismo de El Origen (Inception, Christopher Nolan, 2010), y en cierto modo es cierto, también es reiterativa, pero por lo menos entretiene sin metáforas pretenciosas. Cameron introduce un mensaje ecológico digno de colegio secundario que deja bastante que desear. Avatar es como esa persona del bar que nos encantó con su sonrisa y sus atributos físicos, no podemos sacarle los ojos de encima, hasta que empieza la charla (o en el caso de la peli, la historia) y nos sentimos en un deja vú inmenso que no nos da nada nuevo, que nos deja vacíos, esperando algo que nunca va a poder darnos.

Por Sol Salaberría
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3 pensamientos en “#1077. Avatar (James Cameron, 2009)

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