#488. 2001: A Space Odyssey (Stanley Kubrick, 1968)

★★★★½ (9/10)

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2001 es transformación y evolución. Nada se mantiene de la misma forma y en más de un sentido dispone de la base de los inicios. Los orígenes llevados al espectador en forma de una gran ficha de dominó. El monolito que aparece a su antojo en tiempo y espacio es 2001 y viceversa. Una columna que se erige cual monumento histórico y que supone el cambio de lo conocido y establecido. Ese misterioso elemento que en el film de Kubrick permite la evolución de los seres vivos y los dotan de conocimiento (los primitivos simios que aprenden a cazar y a utilizar armas, la transformación física y mental de Dave, incluso no sería extraño que la máquina Hal 9000 se haya topado con el monolito momentos antes de sabotear la misión espacial de los astronautas) decide no solo pertenecer a un mero objeto dentro de la trama sino también lograr trascender a ella y formar parte vital dentro y fuera de la pantalla. Si bien el film está compuesto por tres actos, parte del gran cambio y el más rico, cinematográficamente hablando, se da en el conjunto de los primeros dos. La primera parte funciona como una sinfonía visual en la que los efectos, los decorados, las maquetas y la banda sonora danzan en el gran salón de baile que es la pantalla e invitan a unírseles en el goce visual que representa. Y es que la película busca la entrega al disfrute, al viajar y explorar el poder de las imágenes, casi como si se tratase de un documental sobre el espacio exterior (y qué quizás, a pesar de ser falso, lo sea ya que por primera vez el público de la época lograba acercarse a ese vasto universo desconocido y solo imaginable a través de algunas fotografías). En cambio la segunda representa un arco argumental más clásico y elaborado en cuanto a desarrollo de personajes y género. Se adentra más en las áreas de la ciencia ficción y crea a uno de los personajes mejor construido e incluso el más humano del film: Hall 9000 (villano entrañable si los hay). Ambas partes funcionan como dos extremos que se unen dando forma al monolito, al elemento evolutivo. Realiza un cambio en el género y el cine en sí. Previamente a 2001 las producciones de ciencia ficción resultaban más banales, exceptuando algunos casos particulares como lo es The War of Worlds (Byron Haskin, 1953) y muchas de las cuales tenían gran potencial pero no podían llegar a explotarlo del todo debido al limitado mundo productivo de la clase B (los títulos de Jack Arnold son de los casos también a destacar). 2001 logra una madurez en el género, parte de su lado adulto puede resultar por momentos agotador teniendo como resultado un desinterés por parte del público sumado a la extensa duración, pero sin embargo su costado maduro aportó una nueva mirada a un género casi bastardeado o tomado poco en serio. Así como la primera secuencia del film, que finaliza con el enlace de hueso humano a base espacial (la transformación presente todo el tiempo) mediante el montaje que significa otro de los logros de la obra, crea un efecto en cadena que no termina de evolucionar hasta el final de la historia, el mismo efecto lo produce para las posteriores obras realizadas. Ese tono adulto y el diseño de la tecnología creada abrieron las puertas a films que en otras circunstancias quizás nunca hubieran llegado a existir o a convertirse en íconos de su época: Star Wars (George Lucas, 1977), Alien (Ridley Scott, 1979) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982); e incluso es partícipe de la historia de la humanidad ya que muchos de los diseños fueron adaptados y mejorados con el paso de tiempo por los ingenieros de la NASA (sin mencionar el famoso rumor que involucra a Kubrick con el viaje a la Luna). Es cierto que tal vez el tercer acto de la película se torna demasiado experimental, abusando un poco del planteo existencialista y del extenso viaje cuasi lisérgico pero en ese punto somos parte de la subjetiva de Dave y lo observado supera lo imaginable. Cuando se observa su rostro se lo encuentra totalmente perplejo. Compartimos el mismo viaje que él y al finalizar su astro-reencarnación supone el inicio de un nuevo viaje y un nuevo cine que nos brinda. Un antes y después en el joven arte cinematográfico y el inmenso monolito que nos deja acceder a él.

Por Nicolás Ponisio

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