#441. Repulsion (Roman Polanski, 1965)

★★★★½ (9/10)

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Un ojo femenino observa la nada misma a medida que los títulos surgen dentro y sobre él. Los créditos iniciales del segundo film de Roman Polanski (y el primero hablado en inglés) remiten sin lugar a duda al comienzo de Vertigo (Hitchcock, 1958). La mirada femenina como atracción y a la vez como camino hacia los infiernos de la psiquis humana, tema recurrente para ambos directores. Si para Hitchcock la exteriorización de la mente era la cámara y la subjetividad de ésta, para el director polaco lo serán esencialmente la construcción de espacios y climas funcionando como un arquitecto de lo macabro que utiliza al cine como los planos de su obra. Dichos planos nacen a partir de la creación de una base, el terreno del que se dispondrá para más tarde construir. De la misma forma trabaja Polanski.

Los primeros cuarenta minutos del film, si bien por momentos pueden tener una carga densa, sirven para establecer la construcción de personajes y tener algunos pequeños indicios de hacia dónde se encamina Carol, la protagonista (una joven y atractiva Catherine Deneuve). Es, haciendo uso del cliché, la calma antes de la tormenta. Una vez que se queda sola en su apartamento, ya que su hermana se va por unos días a Italia con su pareja, el infierno mental se desata. A diferencia de caer en la provocación de burdos sobresaltos el director dispone del tiempo y las herramientas para generar el terror sutilmente. Grietas en la pared como fragilidad y quiebre mental, espacios desvirtuados, cambio radical de la proporción de las habitaciones, de un segundo para el otro los cuartos adquieren otras dimensiones estableciendo la incómoda sensación de no saber dónde estamos parados y, los espacios exageradamente amplios, la ausencia de racionalidad.

No hay elementos externos al encuadre de la cámara que tengan como fin el terror psicológico que plantea la película, salvo en ocasiones la banda sonora. Polanski construye cíclicamente desde el interior (espacio geográfico y mental) hacia afuera (el espectador) para movilizar la experiencia.. Lo mismo haría tiempo después con Rosemary’s Baby (1968) y Le Locataire (1976) conformando el terror psicológico de la llamada trilogía de los apartamentos. Películas que al ser vistas y reflexionadas no pueden evitar que uno lamente que Polanski no haya construido más obras dentro de este género, con algunas excepciones, y dejando una basta obra arquitectónica del terror. Por suerte se puede ingresar y visitar sus clásicas edificaciones cuantas veces se quiera observando con los ojos abiertos de par en par y devolviéndole esa mirada que observaba la nada.

Por Nicolás Ponisio

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