★★★★ (8/10)

Una vez más Buster Keaton hace gala de su talento para el slapstick en un film acerca de la mirada negativa de los padres a sus hijos y la imposibilidad del romance, al mejor estilo Romeo y Julieta, debido a los lazos familiares. A diferencia de otros films en los cuales el gag en raras ocasiones acompañan del todo a la historia, en esta ocasión todos y cada uno de ellos nacen naturalmente de la trama… o lo más natural que puede resultar del absurdo. Nada está de más ni es introducido a la fuerza con el fin de buscar la carcajada fácil. La historia posee relevancia evitando recaer en meros sketches que al unirlos forman un largo. También lo logra en la que es la mejor secuencia de aventura, tensión y cine catástrofe de la época (Comunicado a Roland Emmerich: hay que ver más Buster Keaton). No solo por el hecho de ser un asombroso despliegue de la puesta en escena con techos volando, edificios cayendo y autos siendo arrastrados por un inmenso huracán sino también por el cambio que implica para la figura del protagonista y para Keaton en sí. El siempre hombrecillo de escasa estatura que llama su atención por su torpeza física y aspecto débil se transforma por completo a la hora de enfrentarse al imponente huracán. El joven que se metía en problemas por sus bufonadas ahora las utiliza como herramientas para escapar del peligro y salvar a sus seres queridos. Siempre manteniendo el registro de humor se renuevan las clásicas piruetas cómicas en función de luchar contra el peligro y de demostrar que hasta en los momentos más oscuros una carcajada puede resultar la gran salvadora del día.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *