★★½ (5/10)

Compendio de la cultura pop de los años cincuenta y sesenta. Por allí aparecen Marlon Brando, James Dean, la música de Roy Orbison, Ricky Nelson y Elvis entre otros. ¿Su función? Acompañar la preparación y salidas de unos motoqueros encuerados. Fetichismo a la orden del día en un film que, provocador en el contexto de la época, fue uno de los primeros en exponer en cine la homosexualidad, elementos de ocultismo e incluso parafernalia nazi pero sin contenido alguno o una búsqueda de sentido. La intención detrás de las imágenes yace únicamente en el esteticismo y el poder del montaje. La edición es fuerza de sentido e interpretación, en el film de Kenneth Anger hay poco y nada de ello. Al no haber una historia per se los personajes no sufren cambio alguno, más si lo hacen las imágenes quienes pasan de una cuidada estética a una frenética suciedad con el ruido de motores que se unen al soundtrack o las, cada vez más, bruscas imágenes. El poder de los ciclistas, su furia y pasión recargan la pantalla y por primera vez contiene un sentido. Un punto a favor para una película que prevalece un fin puramente estético y la cual entretiene en su corta duración gracias a la gran banda sonora que vuelve más ágil el visionado sin llegar a cansar al espectador. De todas formas esto no evita que se vuelva un mero videoclip con algunas pocas acertadas imágenes que cautivan brevemente pero que en definitiva no acompañan demasiado al film. Al igual que un conductor que tiene una Harley-Davidson solo para hacer gala de su provocador estilo pero no tiene idea de cómo manejarla realmente, Anger no despliega del todo bien en su obra el atractivo de una época y estilo, quitándonos las ganas de subirnos con él y dar una vuelta más en ella.

Por Nicolás Ponisio

Categories: 1001 Películas

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