#823. Edward Scissorhands (Tim Burton, 1990)

★★★★½ (9/10)

Edward Scissorhands (1990)

 

Con una mirada tierna e infantil Tim Burton nos introduce en un mundo que, al ahondar en él, revela su verdadera naturaleza. No es al azar que el film comience con la inocente pregunta de una niña a su abuela acerca de dónde viene la nieve. Al escarbar en ella, donde se pueden formar ángeles o construir muñecos de nieve, descubrimos una fuerte crítica hacia las apariencias y la hipocresía. El hecho fantástico del joven que en vez de manos posee tijeras y que funciona como el elemento atractivo de la narración pasa, muy levemente, a un segundo plano priorizando las dos caras del pueblo que lo acoge. Burton presenta a las, a primera vista, agradables personas que demuestran siempre su interés curioso y hasta mórbido, logrando que su verdadera naturaleza se vaya exponiendo cada vez más. La mirada cómica se vuelve oscura y lo gótico (marca ya conocida del director) se torna dramático. El abuso, la falsedad y el desprecio son características identificativas en el día a día y por lo tanto creadoras de empatía con el personaje de Edward (Johnny Depp). Nosotros, el público, convivimos con ellas a diario, tenemos vecinos o conocidos como los que se ven en el film, los padecemos o interactuamos con ellos con la misma moneda falsa que nos entregan. Lo que puede resultar una historia que, una vez más en apariencia, es lejana a quien la ve termina acercándose para vivir cual vecino molesto a su lado. Los cuentos de los hermanos Grimm eran relatos tomados de la cultura alemana cargados con un contenido crudo y mucha violencia. Con el fin de resultar más aptos para los niños, estos relatos se fueron aggiornando con el paso del tiempo volviéndose más inocentes. Con su cuento Burton realiza lo opuesto, lo cubre de una capa dulce y naif (la música de Danny Elfman y la colorinche paleta de colores de la ciudad del film también son generadores de ello) como si de la portada del libro se tratara solo para al abrirlo y encontrar que su contenido es mucho más oscuro y desesperanzador. Otro ejemplo en un film contenedor de apariencias por donde sea que se lo mire.

Por Nicolás Ponisio

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