★★★ (6/10)

James Foley realiza una violenta sátira del mundo capitalista y el negocio inmobiliario que funciona más que nada por el desenvolvimiento actoral que por su contenido ácido. Y es que el film de 1992 cuenta en su totalidad con bestias de la performance como son Ed Harris, Kevin Spacey, Al Pacino, Alan Arkin y, hasta el siempre relegado a la comedia, Jack Lemmon. Se podría pensar que una fórmula que reúne esos componentes no puede defraudar por más que lo intente. Sin embargo ésta logra hacerlo ya que por más sueltos y ágiles que resulten en su interpretación entran en conflicto con la dirección. El film está basado en la obra teatral de David Mamet (también guionista de la adaptación al cine) y la diferencia entre ambas obras al parecer es ninguna. Foley se encarga de pasear la cámara con la mayor soltura posible en los tres escenarios de la historia. Intenta desapegarse de lo teatral y de dotarla de mayor agilidad en escenas extremadamente largas que parecen no tener fin en una historia que, en gran parte, tampoco parece tenerlo. No es hasta casi llegando a la mitad de la película que se dejan de lado los diálogos entre banales y reflexivos en cuanto a las bienes raíces (tema de poco interés para el gusto de quien escribe) para acercarse un poco al encanto del thriller y el tono frenético que necesitaba. Los personajes ponen excusas al vender, al ausentarse, al sospechar de ellos todo en función de ver a esas grandes luminarias variando en un incontable y muy variante registro de actuación que expone los duelos y tiranías en un mundo de hombres que se lleva las palmas del film… en definitiva una excusa más entre las tantas que tiene.
Por Nicolás Ponisio
Categories: 1001 Películas

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