★★★★½ (9/10)

Los navegantes interestelares ingresan a su nave espacial/bala para surcar los cielos y explorar el territorio lunar por primera vez. Lo que era inimaginable para cualquiera, Georges Méliès lo hace posible con su más que clásico corto Le Voyage dans la lune. Si para el público de la época el poder realizar ese viaje superaba toda imaginación, quedarían más anonadados con los artilugios fantásticos que dispondría el gran ilusionista cinematográfico.

En apenas trece minutos Méliès hace uso de las técnicas cinematográficas que incluso hoy en día continúan utilizándose, como la creación de escenarios artificiales, la sobreimpresión y los fundidos encadenados, logrando convertir la experiencia de ir al cine en un espectáculo que a la vez contuviera un argumento. En esos breves minutos desarrolla una historia, simple sí, pero que resulta entretenida gracias a los cortes que permiten el acto de ilusión o los peligros que enfrentan nuestros viajeros dentro de impresionantes sets de pintura matte que no le deben envidiar nada a los de otros clásicos como The Wizard of Oz o The Adventures of Baron Munchausen (1939 y 1943 respectivamente).

Sin quizás ser del todo consciente, el director francés sienta las verdaderas bases del cine como medio narrativo y las del género de aventuras y ciencia ficción. Muchos aspectos del cine nacen con este film y nos invita a seguir incursionando en él, deseándole un bon voyage al cinéfilo. La nave aterriza con violencia dando de lleno contra el ojo de la Luna, imagen clásica si las hay que exterioriza su poderío visual frente a la extasiada mirada de quien observa y que se encaja junto a Méliès en nuestra retina permaneciendo allí para la posteridad.

Por Nicolás Ponisio

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