Por Nicolás Ponisio

Pocas veces la cámara cinematográfica logra dar realmente un fuerte impacto en la retina. Más aún si se refiere al cine de la última década. Una de las excepciones la concibe Park Chan-wook con Oldboy. Rara, violenta, multigénero y debido a todo ello, atrapante. El director coreano se pasea entre el drama, el thriller psicológico e incluso la comedia, bebiendo mucho del manga (comic japonés, el mismo film está basado en uno) y sin tener reparos en el contenido de la imagen. La sangre y las secuencias de acción no abundan constantemente pero cuando lo hacen sufrimos al igual que nuestro torturado protagonista (por suerte no al mismo nivel).

La fotografía verdosa y los travellings sobrecargan la imagen con la idea de encierro y a la vez mantienen en movimiento al relato. La historia de Oh Dae-su (Min-sik Choi), un hombre secuestrado en una habitación por quince años y que al ser liberado lleva a cabo su venganza, logra su ritmo atrapante (el secuestrado es Oh Dae-su o el público) gracias al misterio que rodea al protagonista y al marcado esteticismo. Esto permite que, en una relación de complicidad, obviemos algunos elementos narrativos que resultan irreales dentro de la historia. Algunos recovecos enrevesados a medida que avanza el relato pueden desencajar con la trama, pero con su conclusión y el entendimiento general de los hechos encuentran su sentido y función en relación a ella. Es allí cuando la cámara realiza su violento golpe final y, habiendo sido vapuleados durante dos horas, terminamos tan o más golpeados que Oh Dae-su. K.O para un film más que O.K.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *